Internacional

Así se Torturó en Chile (1973-1990)

Escrito por Armando Lopez

Santiago de Chile, Chile. – (Agencias) Uno de los crímenes más aborrecibles de la Dictadura de Pinochet fue la tortura sexual contra mujeres que fueron detenidas y torturadas en Chile, desde el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, hace 46 años, sin distinción de edad.

Entre 2003 y 2004, del total de las victimas que dieron su testimonio a la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura un 12.5% eran mujeres, 1,228. Ellas pasaron por una sistemática y sofisticada tortura sexual para destruir a la persona. 229 esperaban un hijo y algunas lo perdieron; otras dieron a luz tras ser violadas por sus torturadores, y muchas sufrieron agresiones físicas y vejaciones en las que hacían participe a padres y hermanos.

El libro Así se torturó en Chile (1973-1990), del periodista Daniel Hopenhayn, recoge los principales pasajes del informe de la Comisión Valech, nombrada así por su primer presidente, el arzobispo Sergio Valech, hace 15 años, y se explican los antecedentes históricos de la tortura aplicada en Chile en la sangrienta y terrorífica dictadura de Pinochet. “De acuerdo con los testimonios, las violaciones hetero y homosexuales se cometieron de manera individual o colectiva. En algunos casos se ha denunciado, además, que dicha violación se produjo ante familiares, como un recurso para obligarlos a hablar”.

De acuerdo a Hopenhayn, “la violencia sexual sobre las mujeres fue furiosa, desquiciada”.  Y señala que “hay escenas simplemente inexplicables, que desbordan nuestra imaginación sobre la condición humana”, y considera que “el informe es un documento histórico invaluable y extraordinario que, además, esta bien escrito”. “Pero su propia exhaustividad −tiene más de 500 páginas− ha limitado su universo de lectores, relegándolo a un estatus de mamotreto institucional”. El periodista consideró que “era un buen momento para difundir en un formato más accesible los pasajes que más importa proteger no solo del olvido, sino incluso de las inercias de una memoria oficial”.

Uno de los relatos del informe, es la de una mujer que fue detenida en 1974 en la capital chilena y secuestrada sin ningún proceso durante dos años. “Por violación de los torturadores quedé embarazada y aborté en la cárcel”. “Sufrí shocks eléctricos, colgamientos, pau de arara [colgamiento de pies y manos], submarinos, simulacro de fusilamiento, quemaduras con cigarros. Me obligaron a tomar drogas, sufrí violación y acoso sexual con perros, la introducción de ratas vivas por la vagina y todo el cuerpo”, detalló la víctima. El relato de la mujer a la comisión, reproducido en Así se torturó en Chile, es desgarrador: “Me obligaron a tener relaciones sexuales con mi padre y hermano que estaban detenidos. También a ver y escuchar las torturas de mi hermano y padre. Me hicieron el teléfono, me pusieron en la parrilla, me hicieron cortes con yatagán [un arma blanca de gran tamaño] en mi estómago. Tenía 25 años”.

El instrumento para esta destrucción masiva de jóvenes y adultos, hombres y mujeres, perseguidos por la dictadura, fueron los miembros de las Fuerzas Armadas y agentes secretos, que actuaron como bestias salvajes de la mano de Augusto Pinochet. Se les dio la libertad de hacer lo que fuera con tal de sacar información o simplemente destruir a la persona.

Otro caso que muestra la terrible saña de los militares contra las mujeres, posibles enemigas de la dictadura o simplemente esposas, hermanas, hijas, amigas de un perseguido político o estudiante. A una muchacha estudiante de 14 años que fue detenida en la región de Maule, al sur de la capital, tres militares la obligaron a practicarles sexo oral. “No sé quiénes fueron o cómo eran porque estaban encapuchados. Lo único que sé es que mi vida nunca volverá a ser como antes”. 

El infierno desatado en la tierra, y específicamente en las instalaciones de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), entre 1974 y 1977. Una mujer de 16 años sufrió ese infierno. “Fui violada, me ponían corriente, me quemaron con cigarrillos, me hacían chupones, me pusieron ratas (…) Me amarraron a una camilla donde unos perros amaestrados me violaron”. En las instalaciones de la DINA en Santiago, una chica de 17 años fue violada y sufrió quemaduras en el útero. “Viví torturas y sesiones de masturbaciones por parte de los encargados del recinto”.

El Informe es desgarrador, no existe capacidad humana para entender la bestialidad de los gorilas uniformados, de un régimen que odiaba la libertad. El informe detalla los testimonios de 20 mujeres embarazadas que por las torturas perdieron a sus bebés. Una de las mujeres, en un gesto de profundo dolor, declaró, “después de 30 años sigo llorando”. Relató que tenía tres meses de embarazo cuando obligaron a un dirigente sindical a violarla, le pusieron corriente en los pechos, garganta, vientre y piernas. Esto ocurrió en la zona de Puerto Montt, a unos 1,100 kilómetros al sur de Santiago.

También los hijos e hijas de mujeres embarazadas que fueron torturadas sufrieron secuelas imborrables. Una mujer chilena, que estaba en el vientre de su madre embarazada de 5 meses cuando fue detenida y torturada en Santiago, en 1975, contó: “Mi niñez fue una vida llena de tristezas, trauma y depresión debido al daño emocional de mis padres, que produjo la ruptura de su matrimonio”.

El informe Valech describe que mujeres que fueron violadas quedaron embarazadas. Uno quince detenidas que tuvieron a sus bebés en la cárcel. Muchas de ellas abortaron de manera espontánea o provocada. Pero otras tuvieron a su hijo. Una mujer, de 29 años, hija de una de las detenidas, de 15 años, que fue violada por su torturador, relató:  “Yo represento la prueba gráfica, represento el dolor más grande, lo más fuerte que ha vivido mi mamá en su vida…”. “Después que me contaron, empecé a tomar, tomaba todo el fin de semana, escondida. Por eso siento que tengo muchas lagunas de mi adolescencia”, señaló. “Siento que nosotros, los niños nacidos igual que yo, fuimos tan prisioneros y torturados como los que estuvieron presos”.

Pero, además, los militares y agentes de la DINA, tenían algunos recintos de tortura especializados en violencia sexual. Lugares como Venda Sexy o La Discotéque, una instalación de la DINA que se encontraba en la capital. De acuerdo con el libro, “tenía música ambiental permanente, a alto volumen […] En este recinto se practicó con especial énfasis la tortura sexual. Eran frecuentes las vejaciones y violaciones sexuales de hombres y mujeres, para lo que se valían además de un perro adiestrado”. 

La violencia sexual desarrollada por la tenebrosa maquinaria de la dictadura, dejaron en las víctimas imborrables recuerdos con consecuencias emocionales y físicas.  

De acuerdo al análisis del periodista Hopenhayn, “cuando te enfrentas a estos relatos, te das cuenta de que una sociedad no puede saber que torturó si no sabe cómo torturó”. “No se trata de que una sociedad lo piense dos veces antes de volver a torturar, porque entonces lo terminará haciendo. Se trata de que abomine de ello con la sola idea de pensarlo”.

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Armando Lopez

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