Cultura Editorial

Cuando sabíamos administrar la riqueza

Escrito por Armando Guerra

Cuando se expropió el petróleo en México, toda la maquinaria utilizada en el país era americana y todas las refacciones se compraban en Estados Unidos, pero con la expropiación se dictó una ley en Norteamérica que prohibía la venta de material para Pemex. Poco a poco se fue sustituyendo todo por maquinaria europea y, con los años, todas las refacciones se compraban en Europa. Entonces se abrieron las oficinas de Paris, donde me tocó a mí trabajar, y otras oficinas en Londres, en Bilbao, en otras ciudades de Italia, etc.

Yo trabajaba en el área de Actividades Económicas, sección Pemex, de la Embajada de México. Y ahí me tocó laborar en dos departamentos, fundamentalmente en Facturación, pero también ayudaba en Embarques. Ahí trabajábamos para actualizar con los proveedores las compras que se efectuaban en Pemex México, luego los comisionados inspectores de Pemex revisaban el material, y ya con el visto bueno pagábamos y el material se embarcaba a México, al puerto más cercano del destino final de Pemex.

Llegó un momento en que había cientos de solicitudes de compras y había que agilizarlas con los proveedores pues en México se estaba expandiendo la producción de petróleo. Un día, nos contaron, como rumor, de un pleito del Director de Pemex con el Secretario de Hacienda. Sería cierto o no, pero dejaron de llegarnos los permisos de importación. La vergüenza para nosotros, los de esa área, era que después de corretear a los proveedores para que terminaran el material solicitado, inspeccionarlo y pagarlo, resultaba que no podíamos embarcarlo por no tener permiso de importación.

En un principio les pedimos a los proveedores si nos podían hacer el favor de almacenar el material en su bodega porque no teníamos aun permiso de importarlo. Los proveedores, por supuesto, no entendían nada. Se necesitaba ser mexicano para comprender que Pemex era parte del Gobierno y el Gobierno pagaba, pero no dejaba introducir ese mismo material al país.

Al principio, aceptaban embodegar un tiempo el material ya pagado, pero a medida que crecían las peticiones y aumentaban los materiales, como la tubería especial para el gaseoducto a Estados Unidos, teníamos que sacarlo de la bodega del proveedor. En ese momento se creó el departamento de Bodegas, y se buscaron almacenes por toda Europa, pues seguíamos sin poder embarcar. Total, llegamos a tener 26 bodegas con 500 mil toneladas de material que no tenía permiso para ser embarcado a nuestro país.

En Holanda hacían mofa de México pues decían que gracias a nosotros tenían montañas, pero de fierro, pues eran las enormes pilas de tubos del gaseoducto que se extendían en sus costas ya que no cabían en ninguna bodega. Eso no fue todo. Luego surgió el problema de que como era material para exportación, había que cambiarlo de país para no tener que pagar impuestos por no sacar el material al año. Entonces, cada año dichos materiales se cambiaban de país. Lo que estaba embodegado en España se pasaba a Francia, y lo de Francia a Bélgica, y lo de Bélgica a Holanda y lo de Holanda a Alemania, y así a 26 almacenes y muchos países.

Esta situación duró cuatro años y por un pitazo a un periódico en México que reveló lo que sucedía, un día llegó a las oficinas de París un télex kilométrico con los permisos de importación de todo el material, parte del cual ya estaba echado a perder, como la tubería especial carcomida por la brisa marina de varios años.

Pero había otro problema: los permisos sólo tenían una vigencia de tres meses, y al hacer cuentas concluimos que para embarcar todo, con todos los barcos de carga disponibles, se necesitaban casi dos años para terminar de enviar todo eso a México.

Era la época en que sabíamos administrar la riqueza.

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Armando Guerra

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