Editorial

Detenerlo todo

Escrito por Redacción

Adriana Malvido
EL UNIVERSAL

Ya son demasiados años de despertar por las mañanas y tratar de dormir por las noches con el horror acumulado, grabado en la pupila, el cerebro y el corazón; con el esfuerzo de intentar una vida a pesar de peligros inminentes a la vuelta de la esquina, en el transporte público, en el parque, en una carretera; de buscar un espacio de paz, entre tanta violencia; de luchar porque la palabra miedo no se apodere de nuestro vocabulario cotidiano; de aferrarse a la civilidad frente a la barbarie y a la cordura en medio de la desesperación.
Por eso hay que detenerlo todo.

Porque Fátima duele hasta la médula, tenía siete años cuando fue violada, sometida a torturas indecibles y salvajemente asesinada.

Porque a Íngrid Escamilla, de 25, la desolló su pareja, la hizo pedazos y con ella a su familia y a todo un país que cada día pasa del duelo a la rabia.

Y porque a María Elena Ríos, joven saxofonista oaxaqueña, de 27 años, un exdiputado la mandó rociar con ácido, le arrebató la piel, el rostro y el futuro que soñaba como saxofonista.

Como otros criminales, lo hizo porque sabía que la libraría.

Porque en estos tres, como en la mayoría de los casos de feminicidio que pudieron haberse evitado, había denuncias no atendidas, espacios de justicia corrompidos, fiscalías inútiles o rebasadas, donde imperan el machismo y la impunidad.

Y gobiernos que han sido indolentes durante ya demasiado tiempo. Como el que se dice “feminista”, pero elimina o recorta el presupuesto a 20 programas de apoyo a la mujer, destinados a la equidad de género, estancias infantiles, derechos humanos y prevención de la discriminación, entre otros rubros.

Por eso hay que detenerlo todo.

Por esa bebé (“aún sin nombre porque no estaba registrada” según se publicó), de un año ocho meses que murió hace dos semanas en el Hospital de la Niñez Oaxaqueña de lesiones provocadas por abusos sexuales continuos. Vivía con otros tres pequeños también víctimas de abuso. El papá esta detenido como sospechoso porque “ya había enfrentado cargos de violación”.

Por eso hay que detenerlo todo.

Por las 3 mil 825 mujeres asesinadas en México en 2019. Por las 32 jovencitas, menores de 18 años, que cada día se embarazan por violación. Por las 286 niñas abatidas el año pasado, 98 víctimas de feminicidio. Y porque seis de cada 10 mujeres atendidas en urgencias a diario, víctimas de violencia sexual, son menores de edad.

Hay que detenerlo todo y que el impacto de la ausencia de las mujeres en las actividades cotidianas del país durante un día aclare la mirada para buscar caminos de salida de esta espiral de terror. Medidas de corto plazo frente a la emergencia y estrategias de mediano y largo plazo, si es que deseamos un futuro. Por lo pronto hay que escuchar.

A la geofísica María Salguero, creadora del Mapa Nacional de los Feminicidios en México realizado para llenar el hueco informativo que el Estado no ha podido o no ha querido llenar.

A Estefanía Vela, directora de Intersecta, organización feminista dedicada a la promoción de políticas públicas para la igualdad; a colectivos como “Brujas del Mar”, que convocan al paro nacional el próximo 9 de marzo. Y al llamado de mujeres en todo el mundo a marchar el 8 de marzo.

Con detenimiento hay que oír de nuevo a la “Tía Irma” en el caso de la pequeña Fátima, porque en medio de la pobreza, con la historia de una violación a cuestas, entregó a los culpables sin aceptar recompensa…

Y hay que escuchar el concierto que un ensamble de saxofonistas realizará en Cholula en sororidad musical con María Elena Ríos. Y su mensaje grabado: “(…) Gracias por ser partícipes de este bello proyecto (…) El día de la mujer es una fecha donde se reconoce que existimos, sin embargo, llevar a cabo una filosofía de vida en donde el respeto sea el principal valor haremos de nosotros una inclusión, la línea armónica que garantice una hermosa melodía a la que llamamos vida”.

Detenerlo todo por un día. Para escucharnos y removerlo todo.

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