Opinión

Donald Trump enciende Washington



carlos_rdzf@hotmail.com


A 14 días de que termine el mandato oficialmente del aún Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, se presentó un hecho sin precedente en el Capitolio. La Cámara de Senadores tuvo sesión para certificar el triunfo electoral de la Presidencia de los Estados Unidos a favor de Joe Biden. Sin embargo, Donald Trump, incitó a la violencia a sus seguidores, a sus adoradores, lo que propició que ingresaran a la fuerza, con violencia al Senado. El vicepresidente de dicho país, Mike Pence, ordenó la intervención de la Guardia Nacional para contener a los manifestantes, donde se encontraba un grupo de anarquistas, según el Presidente electo, Joe Biden. En medio del caos, las balas alcanzaron a una mujer residente de San Diego, quien murió en seguida.

La Guardia Nacional contuvo a los manifestantes y en su intervención, encontró bombas caseras y una camioneta con diverso tipo de armas.

El Presidente electo, Biden, se vio en la necesidad de aparecer en los medios de comunicación, molesto y de manera enérgica exigió a Trump que se manifestara ante sus seguidores para detener la violencia. Ante ello, el aún Presidente, llamó a sus simpatizantes, invitándolos a irse a casa, pero lo hizo con un discurso todavía con matices de odio.

Después de establecerse el orden, los líderes demócratas y republicanos sesionaron, lamentando todos los sucedido.

A grandes rasgos, así se dieron los hechos.

Se habla de la posibilidad de de desconocer como Presidente a Donald Trump y dejar en su lugar al vicepresidente Mike Pence.

El análisis de este caos, de este contexto de odio, debe propiciar necesariamente reflexiones en torno al perfil de los Gobernantes que elige la sociedad. No existen los mesías, creer alguien que lo es y hacer creer al pueblo que lo es, es un peligro latente para la democracia, para la convivencia social, para el desarrollo integral de la sociedad.

Era palpable el peligro que había en los discursos de Trump, sucedió lo ya descrito, pero pudo ser mucho peor, pudo ser catastrófico. Ha insistido constantemente en que las elecciones donde perdió la presidencia fueron un fraude, sin mostrar prueba alguna, ha dicho que jamás reconocerá el triunfo de Biden. Ha sembrado odio, mucho odio.

Está por dejar la presidencia, se irá el día 20 de enero del presente, o antes, si el Senado lo decide. Pero el odio que sembró, se seguirá cosechando. Recuerdo esa frase, que dice: “ quien siembre vientos, cosechará tempestades “. Lo estamos viendo con claridad. La cosecha continuará.

Las sociedades de otros países debemos aprender el peligro del populismo y los populistas deben aprender también, ese no es el camino. Sembrar vientos, definitivamente no es la ruta o de lo contrario, estaremos destinados al caos, a cosechar tempestades.

La democracia es de lo más valioso que tiene el ser humano, cuidémosla con sapiencia, con valores, con congruencia.
 Donald Trump incendió Washington, se sintió el hombre más poderoso del mundo, omnipotente, el poder lo transformó, lo enfermó. Olvidó que era nada menos, pero tampoco nada más, que un ser humano.

Trump, se perdió en la cima y dejó matices de odio en cada rincón de su país.  Hay mucho por analizar aún, mucho por reflexionar, demasiado por aprender.

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