Editorial

El tema educativo: Lo que viene y va.

Profr. Damián Vázquez

La educación constituye una oportunidad para generar mejores condiciones de vida a partir de la movilidad social que se puede lograr con ella. La educación es una tarea que, cualquier país que pretenda tener condiciones de vida dignas de sus habitantes, debe considerar como prioridad a efectos de garantizar oportunidades de acceso a ella; en la función social de la educación se deja claro que sirve como instrumento propulsor para abatir la pobreza y la desigualdad social.

En el inicio de la nueva administración en el país, se vuelve a plantear una reforma a la educación, reforma que desafortunadamente se vuelve sexenal; planteamientos que son utilizados por quienes ostentan el poder y que en la mayoría de los casos sirven para buscar legitimizarse políticamente ante la sociedad.

En la historia de nuestro país se han llevado a cabo reformas al sistema educativo que han tenido como sustento responder a las necesidades del país, a lo que las políticas del momento requieren para acreditar que se atiende a uno de los derechos fundamentales del ser humano: el Derecho a la Educación. Baste recordar la política de José Vasconcelos en el período posrevolucionario en el que el lema fue: “alfabeto, pan y jabón” y lo que con ello se significa, con Miguel de la Madrid se hablo de la “revolución educativa”, con Salinas de Gortari se implementó la “modernización educativa”. El tema de superar el analfabetismo, la cobertura, la calidad y últimamente el tema de la inclusión y la equidad, y los principios de integralidad y excelencia plateados por el gobierno en turno son algunas de las justificaciones que se han empleado para hacer sus “reformas educativas”.

En la próxima pasada administración federal se diseñó , legisló y aplicó una reforma que se concibió de manera unilateral, sin considerar a los principales encargados de hacer posible el hecho educativo: los maestros, los padres de familia y los sectores encargados de hacer investigación educativa. Además del carácter punitivo con el que se trato a los docentes, de lo que mediáticamente se hizo que propicio una desvalorización de la función social del maestro. Aunado a eso, solo se cumplió con la parte de evaluación a los docentes, los demás aspectos que la reforma planteó jamás se concretaron: inversión en la infraestructura educativa, en la capacitación y actualización a los docentes, en el acompañamiento pedagógico, generación de condiciones pedagógicas adecuadas, amén de otras cosas.

La reforma educativa de 2013 condenó al sistema educativo, a la escuela pública y a los docentes a una dinámica en la que poco se pudo crecer en calidad y equidad de la educación; generó en el ambiente escolar situaciones de inestabilidad laboral, de incertidumbre y por consecuencia de un impredecible nivel de desempeño laboral y escolar.

En el período que recién va iniciando vale la pena resaltar que hay algunos aciertos, aunque eso no necesariamente implique que realmente se atiende la educación con la visión que una sociedad, cada vez mas demandante, requiere.

Las consultas llevadas a cabo en los Foros por un Acuerdo Educativo fueron el espacio para que los ciudadanos, pero principalmente los docentes, vertieran sus inquietudes y propuestas sobre su materia fundamental de trabajo: la educación. Hasta donde eso formará parte de la nueva reforma educativa es la disyuntiva.

La iniciativa que recientemente presento el presidente Andrés Manuel López, cancela el carácter punitivo de la reforma que le antecedió, aspira con ella a generar una revaloración del maestro, le da una reorientación al tema de la evaluación, entre otras cosas. Esto realmente le abonará a una educación de calidad, equitativa e inclusiva, esa es la duda.

Pero en ese contexto es donde nuevamente volvemos a entrar en el tema del oportunismo político, la educación debe dejar de ser una bandera, un pretexto para consolidarse en el ejercicio del poder, un elemento para justificar promesas de campaña; la reforma a la educación debe traspasar los cambios sexenales, debe sentar las bases de una verdadera política de estado en este tema, debemos los mexicanos exigir y construir una reforma que vaya mas allá de los intereses políticos de partidos o de grupos de poder.

Corremos el riesgo de en 6 años volver a reformar la reforma, volver a replantearnos la tarea educativa y mantener el círculo vicioso sexenal. La “Esperanza de México” esta ahí, la sociedad esta ávida de un cambio verdadero, un cambio que debe ser responsabilidad de todos. Hasta donde estamos dispuestos los mexicanos, pero sobre todo los maestros a seguir siendo parte de ese ciclo que sexenio tras sexenio nos plantea que es lo mejor para la educación y para el país.

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Redacción

1 Comentario

  • Me parece bien el planteamiento, el detalle está en que el maestro se empiedre de su importante labor ya que está en condiciones de sólo descargar contenidos o currículum a los alumnos y mucha carga administrativa claro está que poco o nada de tiempo le queda parara replantear esta situación. El magisterio nacional va en estado de necesidad todo el tiempo y su creatividad desaparece por la prisa de terminar lo planeado es un agente muy importante para determinar está triste situación desde el docente se podrá dar este cambio.
    Rescatemos la verdadera palabra del magisterio nacional, todo el ambiente escolar está lleno de voces de gusto y disgusto de lo que sucede en materia educativa pero el verdadero obrar del maestro es su palabra “el cómo pisa el terreno” y no esperemos los políticos y gobiernos hagan algo ya que estos agentes tienen visiones a corto, muy corto plaza, van en un gran estado de necesidad, si de esa necesidad de ser reconocidos y apoyados por una sociedad con sed de noticias novedosas y no de cambios de fondo.

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