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Feliz Día del Policía

Gerardo Rico.

Policía: Tú que te levantas a las 4:00 de la mañana, te duchas, te afeitas, entras a trabajar a las 06:00 horas.

Llegas al servicio, te pones el uniforme que amas, todo está en su lugar, ya eres súper héroe… estás de suerte; saludas a tus compañeros, una charla compartida de política, economía, inseguridad… te vas a la formación, recibes las novedades… y frío, mucho frío.

Te das cuenta de que olvidaste tu gorra, ya estás arrestado… tu sonrisa desaparece.

Sales a la vía pública, es operativo de rutina mientras los estudiantes ingresan a la escuela; cortas y regulas el tránsito… el radio suena, a alguien le robaron… subes a tu patrulla… andas de suerte, arranca enseguida… eso sí, no hay calefacción.

Vas al sitio. Escuchas las quejas, la haces de psicólogo, de abogado, de doctor. Tomas nota, lanzas los datos generales de los agresores a la base de radio y a tus compañeros, le indicas lo conducente a la víctima, realizas un recorrido perimetral en la zona conflictiva; no se detecta nada.

Sigues en la patrulla, sale otra emergencia… es un accidente con lesionados. Llegas al lugar, tomas nota, llamas a la ambulancia, atiendes a los heridos, calmas a la gente, escuchas más quejas… la ambulancia tarda media hora en arribar y la culpa es tuya, sólo por ser policía, y la gente te insulta.

Despejado el lugar, se presenta ahora un hecho delictivo, correteas al agresor, lo agarras, es menor de edad… vas al Ministerio Público con él… víctima… testigos… médico, y un largo etcétera.

Lo bajaste y la madre lo está esperando, el menor al verla se agranda y hasta te escupe la cara… y tú, tranquilo, eres un profesional… remites al menor, te sientas a llenar los formatos, tu declaración de los hechos.

Una hora después sales, el jefe está supervisando, mejor ni mirarlo, pero él ya se dio cuenta de que te falta la gorra… ¡Estás arrestado!

La madre del menor regresa a denunciarte, porque lo subiste a la patrulla, porque él es menor, y eso lo trauma (pero robar no lo trauma, eso sí) y ya está, perdiste 10 mil pesos en contratar un abogado, para que salgas absuelto, y perdiste el ascenso.

Tu jefe se enoja porque estás desconcertado… estás arrestado porque no prestas atención al servicio… te parece injusto, pero tranquilo, eres un profesional.

Vuelves a la calle. Es la última vuelta. Tu compañero te cuenta algunos problemas y tú los tuyos a él. Se convierten en terapeutas un rato y realizan el relevo en la estación policial.

Hablas con tu jefe, considera tu remisión y te da franco… te quitas el traje de súper héroe… llegas a tu casa, tu familia te espera, sonríes, entras, das besos a tu esposa y a los nenes, ella te da de comer; hay risas compartidas.

Te disculpas con tu señora porque estás cansado… ella entiende y se lleva a tus hijos sola a la plaza para que papá descanse.

Y así, durante años, todos los días al cerrar la puerta de tu casa para ir a trabajar miras al cielo, le pides a Dios volver con vida, y vas de nuevo al ruedo. Esto únicamente se soporta por amor al uniforme… ¡Feliz día del policía!

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Redacción

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