Cultura Editorial

La noche oscura de San Juan

¿Quién podría escribir ―se pregunta San Juan de la Cruz― lo que a las almas amorosas hace entender el espíritu de Dios? Este cuestionamiento inquietante me sorprende tanto como la propia historia del poeta místico, quien trató, a través de la palabra, de encender una luz hacia el caminar divino. Cuando leí la obra de San Juan pensé en cómo había llegado a ese estado de iluminación, de espiritualidad, para hacer que desde la poesía el alma pudiera hablar. Parece una misión un tanto inverosímil, especialmente si se piensa en la fragilidad física, incluso espiritual, de nuestra condición humana. Después entendí el milagro.

Tengo muy claro el recuerdo de mi primer encuentro con la Poesía Completa de San Juan de la Cruz. En ese tiempo trabajaba como practicante en un periódico local. No había paga, más que la experiencia misma. Pero sí tenía un beneficio: al igual que los “empleados de verdad”, se me permitía sacar libros de la biblioteca de la sala de lectura. Era una casa muy bonita justo al lado de la redacción. Cuando tenía tiempo pasaba para echar un vistazo. Ese día, con una ingenuidad que no he podido igualar, estaba en la búsqueda de un libro de Chrétien de Troyes, escritor francés responsable de las primeras novelas de aventuras de Lancelot, Percival y otros personajes que luego de muchas vueltas serían conocidos como los Caballeros de la Mesa Redonda. Encontré un ejemplar para niños titulado “Cuentos del Rey Arturo”. No era lo que esperaba, pero decidí llevármelo de todos modos.

Caminé mirando los estantes hasta que vi el libro de San Juan. Recordé de golpe que me habían encargado leerlo de tarea en la universidad. Confieso que no me entusiasmaba mucho. Tampoco a la mayoría de mis compañeros. Era aún adolescente y la obra de un religioso del siglo XVI que escribía sobre Dios estaba en ese momento lejos de mi ingrato interés. Era un volumen pequeño y de color azul cercando al gris. Llegué a mi casa y empecé el prólogo. El autor explicaba quién había sido San Juan y bajo qué condiciones escribió sus poemas místicos. No sé qué frase escribir para no sonar caricaturesca, pero quedé helada. Seguí con el poema “Cántico Espiritual” hasta que se hizo de noche. No pude dormir. Desde entonces San Juan de la Cruz se convirtió en uno de mis poetas más admirados.

Fue en 1542 cuando vino al mundo el niño Juan de Yepes, en el seno de una familia pobre. Al poco tiempo murió su padre y se quedó sólo con la madre (que tenía por oficio el de tejedora). La crisis se volvió más severa. Uno de sus hermanos se había muerto de hambre y el joven Juan trabajó de todo lo que pudo: tejedor, sastre, aprendiz de pintor. En los peores tiempos pedían limosna y vivían de la caridad. Después entró al Colegio de la Doctrina, para niños pobres y comenzó precariamente sus estudios. Con los años se ordenó religioso en los Carmelitas de Medina. Por esa época se encuentra con la otra poeta Santa Teresa de Jesús y juntos deciden hacer reformas en la Orden Carmelitana.

Por rencillas políticas y de poder en la Iglesia, San Juan de la Cruz (su nombre carmelita) es secuestrado y encerrado en una mazmorra sin luz, con maltratos y vejaciones, como apunta Francesc L. Cardona, durante ocho meses. Su salud se debilitó y tal vez muchos en su lugar habrían muerto, pero la historia de San Juan es diferente. Mientras lo tenían preso, escribe una parte de su célebre “Cántico” y alcanza a definir uno de los tópicos más importantes en su poesía que aparece en su obra “Noche oscura”. Sobre ella, el mismo poeta explica: “Canciones del alma que se goza de haber llegado al alto estado de la perfección, que es la unión con Dios, por el camino de la negación espiritual”.

Esta anécdota demuestra que San Juan fue despojado de todo lo amable que puede ofrecer el mundo terrenal. Le quedó el dolor, la humillación, el maltrato, la enfermedad, la inanición, el completo desamparo. Pero San Juan encontró la forma de redimirse. Liberó su alma, alcanzó a ver cómo precisamente la noche oscura, llevó su espíritu hacia Dios. Después consiguió huir de la prisión, aunque los pesares no terminaron para él.

Admiro con profundidad ese abandono de San Juan. En su poema “Noche Oscura”, como dijo el escritor Juan García Ponce, escribe en voz femenina porque es su alma la que canta y busca al Amado que es Dios:

“¡Oh noche, que guiaste,

oh noche amable más que el alborada:

oh noche que juntaste

Amado con Amada,

Amada en el Amado transformada!

 

Siempre que pienso en San Juan me invaden los enigmas. ¿Cómo pudo escribir un himno espiritual de esa dimensión en la penumbra más severa? ¿Cómo puede un hombre lograr tal desprendimiento de la materia, el ego, el poder, para pensar en el devenir del alma? Me parece que es una de las discusiones más sensibles de la poesía. Ese halo de divinidad que muy raramente se consigue alguna vez en el verso. La revelación más pura a la que se puede aspirar.

Acerca del autor

Eugenia Flores Soria

Escritora egresada de la UA de C

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