Cultura Editorial

La novela sentimental en América Latina

 

La novela de entregas o también llamada novela de folletín se popularizó, en un inicio, en Francia. Se trataba de publicaciones periódicas (facilitadas por los avances tecnológicos de las prensas) de entretenimiento con diversos temas como las aventuras y el amor. Estas historias estaban pensadas para el nuevo gran público que se estaba formado durante el siglo XIX. Una clase social trabajadora, pero no analfabeta, exigía la presencia de otros formatos de lectura. Por ello se empezaron a imprimir miles de ejemplares. Salían por capítulos y el público tenía que esperar a la siguiente edición para conocer la continuación de la trama. Muchos de los autores de estos dramas folletinescos cayeron en el olvido, por la misma fugacidad de sus escritos, sencillos y efímeros. Otros se volvieron tan famosos que hoy en día son clásicos, como el polémico Alejandro Dumas con sus novelas históricas de aventura (Los tres mosqueteros fue especialmente exitosa). Este formato se extendió a Inglaterra, Rusia, España y, naturalmente, a Latinoamérica.  

La historia de la novela en el llamado “Nuevo Mundo” tuvo otros tiempos de gestación y clímax.  José Miguel Oviedo menciona en su Historia de la literatura hispanoamericana algunos textos que funcionan como protonovelas como las obras pastoriles de Francisco de Bramón con Los sirgueros de la Virgen sin pecado original y de Juan de Palafox y Mendoza con El pastor de la nochebuena. Pero hace una mención interesante, Catalina de Erauso, a quien coloca más que en la novela, en la leyenda o en el mito:

 

La autora es la famosa «Monja Alférez», una mujer aventurera y de espíritu tan independiente que se vestía como hombre y, desde 1631, cuando adoptó el nombre de «Antonio de Erauso», viajó por el Perú y diversas partes de América y Europa. Se le atribuyen unas memorias tituladas Historia de la Monja Alférez, doña … , escrita por ella misma, en las que cuenta su propia vida y relata sus andanzas como comerciante, soldado, monja … Como además revela su pasión por las mujeres, el texto estuvo siempre teñido por un aura de escándalo, que llamó la atención de escritores tan diversos como Ricardo Palma y Thomas De Quincey, quien escribió su propia versión de las memorias: The Spanish Military Nun (1854). El problema es que el libro no lo publicó ella, pues sólo apareció en 1829 en París -en medio de la ola romántica-, con un prólogo de Joaquín María de Ferrer, que tal vez puso bastante de su propia cosecha. Si todo lo que ella dice de sí misma fuese real (y resulta muy difícil saberlo), tendríamos más autobiografía que novela.

 

De no ser por este inconveniente de la autoría (que no parece ser problema para otros escritores cuestionados por lo mismo, como Bernal Díaz del Castillo) hubiéramos podido afirmar que la novela hispanoamericana fue inaugurada por una mujer transgénero, “espadachina” (con todo y “a”) y rebelde. Pero tendremos que ir con más calma. En América los géneros literarios dominantes durante los siglos XVI y XVII fueron la crónica y la poesía. Los escritores imitaban los movimientos culturales europeos que en América no tenían mucho sentido. Al estilo de la novela picaresca aparecen obras como El lazarillo de ciegos caminantes de Alonso Carrió de la Vandera y el propio Periquillo Sarniento de Fernández de Lizardi.

Las circunstancias políticas de América Latina fueron también inestables en esta primera etapa. Los gobiernos que se encargaron de facilitar el saqueo y la explotación; la educación, que fue privilegio de muy pocos y las guerras tanto civiles como de emancipación, alteraron los motivos y los intereses de la literatura. Por eso los libros de folletín llegan hasta entrado el siglo XX, con los programas de alfabetización y las oportunidades económicas.

Beatriz Sarlo analiza el fenómeno de las novelas románticas por entregas en su libro El imperio de los sentimientos, en el que explica cuáles fueron las condiciones de los lectores latinoamericanos. Ella señala esa bifurcación clara entre la literatura “culta” y estas obras “populares” y baratas. Una distinción que costaba más a los lectores europeos, esa es la queja de George Eliot, al afirmar que las lectoras de novelas “bobas” se sentían intelectuales. Dudo que quienes leían estas publicaciones periódicas se sintieran eruditos de primera, pero sí disfrutaban de las historia con ímpetu:

 

Las narraciones semanales no fueron escritas desde la perspectiva del realismo. Su éxito tiene que ver con las necesidades diferenciadas a las que responden los productos de una cultura consumida por sectores medios y populares. Como los lectores ‘cultos’ los populares también buscan en la literatura ese lugar de la ensoñación, de la evasión o de la aventura. No siempre es el ‘gran arte’, ese que tiene una relación difícil pero permanente con la verdad, el que puede satisfacer estas necesidades. No se trata de hacer la apología de la literatura trivial, sino más bien preguntarse por qué, bajo formas y con estéticas diferentes, persiste desde mucho antes de que se le hubiera juzgado un mero producto de la demonizada industria cultural.

 

La investigación de Sarlo apunta que estos folletines estaban pensados, nuevamente, en las mujeres como público porque en ellos venían comerciales de productos de belleza y de higiene femenina, sin embargo los hombres se acercaban a estas lecturas, aunque no lo reconocían. Además el precio era muy accesible. Sarlo explica que mientras la literatura “seria” (digamos un libro de Borges o de Nietzsche) costaba 2 pesos por ejemplar, la suscripción anual a las novelas amorosas era de 5 pesos, con publicaciones semanales. El acceso a la “alta literatura” era restringido no solo por la cultura, también por cuestiones de precio.

Las novelas sentimentales de folletín reflejaban las inquietudes y fantasías colectivas de los lectores y el tema amoroso fue cambiando según las modalidades de la época. Sarlo comenta que José Ingenieros (un escritor respetado en todos los medios culturales) impartió por esos años una conferencia donde criticaba los elementos opresores del matrimonio como institución, negándose a que este sentimiento se condicionara a las frivolidades de un contrato. Una parte reducida de su conferencia circuló entre el público masivo a través de publicaciones periódicas y tuvo un impacto importante en el tipo de historia que los lectores esperaban. Así evolucionó este género literario, como lo expone Beatriz Sarlo:

Aquí está una de las razones del sentimentalismo: no combinar la peripecia sentimental con otras peripecias; no tratar pasiones fuera de las amorosas (ni siquiera la maternidad, el amor filial o la amistad merecen un espacio narrativo equivalente en competencia con el amor.

Las narraciones sentimentales se escriben (y se leen) con la seguridad de que el amor es el sentimiento más interesante. Su hegemonía absoluta respecto del mundo de las pasiones no contribuye precisamente a la riqueza narrativa y, lo que sin duda arroja más graves consecuencias, el amor es un sentimiento no sometido a análisis. Los hombres y las mujeres presos del amor son tan ciegos como el narrador que los representa. Por amor se puede violar las convenciones sociales, faltar a los deberes, incluso matar o morir. Por amor, también, alguien puede ser redimido o, si es ilegítimo, perderse para siempre.

 

Esta es otra de las características importantes de este tipo de obras: el amor como único centro de conflicto narrativo. Son ligeras y no abruman al lector con problemas políticos, familiares, económicos o sociales. Sarlo añade que al lado de este, el otro elemento esencial es que los textos logran complacer al lector. No necesariamente tienen finales felices, pero sí los esperados. Los acontecimientos suceden en una zona urbanizada (como en la que viven los lectores) y la acción principal se debe a que en ese sitio, donde no sucede nada interesante, de golpe aparece algo o alguien que cambia por completo la rutina de la heroína.

La historia social de América Latina generó personajes, heroínas y atmósferas diferentes a las de las novelas sentimentales de folletín europeas, como las escritas por Corín Tellado, autora española que publicó durante su vida cerca de 4 mil títulos.

 

 

Acerca del autor

Eugenia Flores Soria

Escritora egresada de la UA de C

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