Cultura Editorial

Las escritoras de oro

Encontré la historia de Florencia Pinar en el libro Poesía feminista del mundo hispánico. Apenas unas líneas porque poco o casi nada se sabe de su vida. No tenemos retrato ni biografía. Fue una de las primeras mujeres de habla española en firmar sus obras y sus poemas anticipaban “ciertos rasgos del barroco”. La incluyeron en el famoso Cancionero general de 1490 y de ella sobrevive únicamente un puñado de versos. Los más famosos tienen un aire feminista precursor:

Destas aves su nación
es contar con alegría,
y de vellas en prisión
siento yo grave pasión,
sin sentir nadie a mía.

El poema me pareció líricamente poderoso y bello. Quise saber más sobre las poetas que le siguieron en los Siglos de Oro Español, momento cumbre de la poesía en nuestra lengua. En los libros canónicos tradicionales es muy probable que encontremos sólo a Santa Teresa de Jesús y a sor Juana Inés de la Cruz. Pero como siempre digo, me parece sospechoso que en dos siglos únicamente sobresalieran dos poetas mujeres y en los anteriores ninguna. Es decir, que  tampoco existieran en los antecedentes voces femeninas desde dónde pensar una historia de la literatura diferente. En los últimos años, las investigadoras nos han facilitado el rostro —olvidado y denostado— del mundo de las mujeres y gracias a eso podemos conocerlas.

La lista de intelectuales, pensadoras y literatas se conforma de personajes tan misteriosos como diversos. Por ejemplo Teresa de Cartagena (1425- ?), monja erudita que escribió además de sus textos místicos, la Admiración de las obras de Dios, que según Sandra Ferrer, “se convirtió en el primer texto escrito por una mujer en la Península Ibérica en favor de los derechos de las mujeres”, siguiendo la línea de la querella de Cristina de Pizán. También redactó un tratado sobre su sordera y cómo esta discapacidad no le impedía desarrollar sus dotes intelectuales.

Otra monja brillante fue Isabel de Villena (1430-1490), escritora en lengua valenciana. Educada por la reina, adquirió sensibilidad y cultura. Llegó a ser abadesa del convento y es recordada por escribir La vida de Cristo, obra caracterizada por centrarse en las mujeres que rodearon a Jesús. Mostró un lado más humano de los relatos bíblicos y redactó el texto pensando en las monjas que no sabían leer, para que así se sintieran identificadas.

Figura también Beatriz Galindo (1465-1534), la gran intelectual, maestra y consejera de la reina Isabel la Católica y sus hijas. Luisa Sigea (1522-1560), originaria de Tarancón, adquirió fama por enviarle una carta al papa Paulo III escrita en latín, griego, árabe y siriaco. Dominaba, además, otras lenguas como el italiano, hebreo, francés y portugués. Publicó en París su poema “Syntra” y fue invitada como escritora de la corte por los reyes de Portugal.

En el campo de la narrativa, fue María de Zayas (1590-1661) la gran luminaria de las letras españolas, quien fuera la primer o una de las primeras novelistas de su país. Escribió en sus historias fuertes pronunciamientos: “Si les dan libros y profesores en lugar de tela, bastidores y almohadones, [las mujeres] estarían tan capacitadas como los hombres para ocupar puestos de gobierno y cátedras universitarias y quizá incluso más”, promulgó. Su amiga Ana Caro de Mallén (1590-1646) destacó en la poesía y dramaturgia. Fue autora de poemas de largo aliento sobre diversos temas y se le considera de las primeras escritoras profesionales. Admirada por la condesa de Paredes (mecenas de sor Juana), se conocen de ella unas cuantas obras de teatro porque probablemente se destruyeron el resto de sus escritos.

Otra célebre mujer fue Juliana Morell (1594-1563), la políglota intelectual que a los 17 años ya dominaba 14 lenguas. Se interesó en otras áreas del conocimiento como la música, la matemática y la astronomía. Recluida en el convento, fue traductora de obras filosóficas y autora de poemas y otros textos, convirtiéndose en una de las presencias más notables del movimiento humanista de su tiempo.

Desde el convento de las Trinitarias Descalzas, sor Marcela de San Félix (1605-1687) produjo una prolífica obra que consistió en casi diez volúmenes, de los cuales más de la mitad fueron quemados por consejos de su confesor. Poeta y dramaturga como su padre, el gran Lope de Vega, ella misma actuaba en sus obras dentro del convento, las cuales versaban en temas religiosos.

En marzo de este año, el Instituto Cervantes realizó una exposición de manuscritos y documentos que tenían la intención de revindicar a las autoras olvidadas de los Siglos de Oro Español. Según el periódico El País, además de los nombre de algunas autoras ya comentadas, se reúne el trabajo de escritoras como Ángela de Sotomayor, Cristobalina Fernández de Alarcón, Mariana de Vargas, Silvia Monteser, Antonia de Nevares, Elena de Paz, Ana Francisca Abarca de Bolea, entre otras. Con ello confirmamos que al igual que en otros movimientos culturales, en este florecer literario las mujeres no fueron una excepción.

Para saber más visita:

https://www.mujeresenlahistoria.com/

https://elpais.com/cultura/2020-03-05/las-mujeres-que-escribieron-el-siglo-de-oro-espanol.html

Acerca del autor

Eugenia Flores Soria

Escritora egresada de la UA de C

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