Cultura Editorial

Las filósofas ausentes

En 1690, Gilles Ménage publicó un libro insólito: Historia de las mujeres filósofas. Es insólito porque en la Europa de ese tiempo (y en muchos libros actuales) la historia oficial sólo incluía filósofos hombres. Era un discurso aprendido, canónico y al parecer incuestionable. Pero Ménage se hizo otras preguntas gracias a dos acontecimientos: la lectura y la amistad. Como literato apasionado y serio, Gilles pasó una generosa parte de su vida en los libros. Escribió uno de los primeros tratados formales sobre el origen de la lengua francesa y su método de estudio era minucioso. Al adentrar su curiosidad en los inabarcables tomos de filosofía clásica encontró, según sus propias palabras, 65 filósofas en las obras de la antigüedad. Al inicio del prefacio de su libro asegura: “El número de mujeres que han escrito es tan grande que con solo sus nombres se podría llenar un extenso volumen”. Debió sorprenderle, y también indignarle, (al menos de las filósofas) que no se les dedicara mucho espacio en las enciclopedias.

Ménage, como explica Rosa Rius Gatell en el prólogo de Historia…, estuvo rodeado de mujeres ilustres como Madame de Sévigné y Madame de La Fayette, damas cultas interesadas en el arte y muchas otras que asistían a los salones parisinos, famosos espacios de diálogo y discusión cultural. En ese tiempo había mujeres que adquirieron prestigio por su destreza como oradoras. Para ellas era difícil la publicación, así que divulgaban su conocimiento de forma oral. El contacto con las expositoras motivó a Gilles para profundizar en el tema y atreverse a formular un libro como el que escribió. La respuesta que obtuvo, como es fácil de intuir, no fue amable. Se le cuestionó todo lo que podemos imaginar. Que no tenía rigurosidad histórica, que su catálogo es desordenado, que muchas de esas mujeres son apenas una sugerencia en boca de otros autores, que no sabemos si de verdad existieron, que era una texto fantasioso. Incluso pasó de ser el gran gramático al “poeta menor”, entre otras represalias. Se sabe que Ménage leyó algunos capítulos en los salones y que es probable que las damas discutieran las hazañas de las filósofas.

 Si bien es cierto que el libro es un tanto incoherente en el sentido histórico que le da su autor (las pitagóricas aparecen al final) y que no hay muchas fuentes del todo “seguras”, los mismos argumentos se pueden utilizar al hablar de la historia de los filósofos. En su Historia de la filosofía, Julián Marías comenta, por mencionar un ejemplo: “Pitágoras es poco más que un nombre; apenas se sabe nada de él, y nada con certeza”. Pero en todos los libros de filosofía, en el apartado de los presocráticos, aparece indudablemente Pitágoras aunque es muy difícil encontrar a su hermana Temistoclea o a Teano, la poeta que lo enamoró. Hubo tantas pitagóricas, apunta Ménage, que Filocoro escribió un libro titulado Selección de mujeres heroicas, donde relata la historia de sus vidas.

Para armar este diccionario de mujeres filósofas, Gilles se basa en las hijas, discípulas, esposas, maestras e incluso madres de los filósofos. Al indagar en sus vidas descubrió que fueron más influyentes de lo que se cuenta y que es una injusticia su omisión. Este trabajo fue un punto de partida para las investigaciones posteriores sobre el quehacer intelectual de la mujer. Es tiempo de mirar la otra cara de la historia.

 

Descarga el libro Historia de las mujeres filósofas de Gilles Ménage 

Acerca del autor

Eugenia Flores Soria

Escritora egresada de la UA de C

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