Editorial

LAS LETRAS DEL TIGRE (UN CUENTO, DE TOLSTÓI) JAVIER JOSÉ RODRÍGUEZ VALLEJO.

Escrito por Redacción

Hace dos meses dialogaba con mamá en una cafetería, ella ha sido una crítica en sus razonamientos, ese día hablábamos sobre el significado de la felicidad. Le comentaba que según Aristóteles los hombres geniales son melancólicos, ella me sonreía, le dije que Schopenhauer decía que los hombres felices tienen personalidad, ella me refutaba alejando que lo mejor se encuentra en la prudencia y en la tranquilidad de la salud.

Que la felicidad se encuentra dentro de nosotros, que el ser humano no ponerse triste ante las tempestades, que ella tenía 65 años y seguía sintiendo felicidad por leer, viajar y conocer personas.

Luego de eso me hablo sobre un cuento titulado: ¿Cuánta tierra necesita el hombre?, de Tolstói. (Ya lo había leído), me gusto la recepción que ella tiene. Comentaba que la historia inicia por la discusión de dos hermanas, una vivía en la ciudad y la otra en un rancho, luego de pelear, la que vive en el ejido queda ofendida porque le dicen que vivir en el campo es estar entre el estiércol de los animales, pero le refutaba alegando que no es cierto, que ellos respiran aire puro, y que en cambio en la ciudad se respira un aire contaminado y sus maridos se van de borrachos con los amigos.

El marido de la mujer del rancho sin interrumpir nada escucha toda la conversación y se molesta, comenta que si tuviera más tierras no temería ni al mismo diablo. Lucifer que se encontraba presente dijo en su interior: “le daré más tierras y luego me apropiare de su alma.”

Con el tiempo el campesino vendió sus caballos y le fue bien en la cosecha, compraron otro rancho de abundantes tierras, la vida le sonreía porque la cosecha y los negocios prosperaban con fertilidad, pero se molestaba porque otros campesinos pobres llevaban su ganado a pastar a sus tierras.

Luego un fuereño toca su puerta, le dice que en un rancho lejano están dando tierras, vende todo y decide viajar a dicho lugar. Le empieza a ir mejor, incluso renta tierras para levantar más cosechas. La ambición desmedida lo había cegado de vivir. Con el paso del tiempo, llega otro paisano y le dice que hay tierras a orillas del río, donde unos indios dadivosos son propietarios.

Decide ir a ese lugar, tarda como siete días en llegar. Estando ahí les entrega unos regalos a los indios a través de su interprete (no hablaba el idioma), observa que se ponen contentos, inicia una conversación con el mero jefe y debido al buen dialogo se ponen bien briagos, el indio que estaba muy alegre le dice que le dará toda la tierra que desee y le prestara un caballo para que se le facilite la delimitación de sus nuevas tierras, la única condición es que antes de que se oculte el sol regreses al punto de partida sino perderá el trato.

En la mañana decide salir antes del amanecer sin ni siquiera almorzar para no perder el tiempo, iba en su caballo delimitando sus tierras, mientras cabalgada recordaba una pesadilla que había tenido en la madrugada, ahí el diablo se reía a carcajadas de él, volvió a despertar de ese pasaje, siguió marcando su camino con ambición desmedida. Ya cansado de tantas horas se quitó la chamarra y los zapatos, por accidente hasta el agua tiro. Decía si aguanto más viviré como rey el resto de mi vida.

Con el calor empezó a ver borroso y caminaba más de prisa, sus pies tenían ampollas y estaba fundido en cansancio, pensaba: ¡me hubiera gustado descansar un rato!, empezaba el atardecer y el sol bajaba, sabía que tenía que llegar, pero estaba demasiado cansado y su corazón latía como martillo.

Continuaba su ambiciosa marcha, tomo sus últimas fuerzas y ya estaba por llegar a la meta, ahí lo esperaban las personas, aceleró su caminar como pudo, el jefe de los indios lo divisaba y reía a carcajadas, sus piernas fallaron, llegó a rastras y con la lengua de fuera cayó muerto desvanecido en la meta, le dicen: ¡bárbaro, ganaste la tierra!, pero ya no respondía, con el azadón y el talache su trabajador cavo un pedazo de tierra de dos metros para sepultarlo, esa fue la tierra que necesitaba el hombre.

Los cuentos tienen lecciones, nos enseñan que las personas deben ser equilibradas en sus sueños, un día un hombre rico tenía demasiada tierras y cosechas, pero de buenas a primeras pensó que ya había sido suficiente tiempo de trabajo, pensaba que necesitaba disfrutar y gozar la riqueza de tantos años, pero lo que no sabía era que esa noche reclamaban su alma para morir.

El hombre fue formado de la tierra, la humanidad ha tenido guerras por el deseo de poseer riquezas naturales, los libros enseñan que la riqueza del hombre se encuentra en el equilibrio de la vida, valorar lo que se tiene y no caer en ambiciones desmedidas.

La historia es un cuento de Tolstói, con ilustraciones de Elena Odriozola y traducida por Víctor Gallegos, bajo el sello de la editorial Nórdica libros e impresa en España. “Sólo las personas que son capaces de amar con fuerza pueden también sufrir grandes dolores, pero esa misma necesidad de amar es lo que les permite contrarrestar es dolor y asía sanar”. Tolstói

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