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Los Papeles de Afganistán: engaños y mentiras, el ataque al vicepresidente

Lo que comenzó como revelaciones selectivas e interesadas después de la invasión de 2001, se endureció gradualmente en distorsiones intencionales

Washington, D.C. – (Agencias) Luego de una batalla legal de tres años, The Washington Post, a través del Acta de Libertad de Información, logró la documentación sobre la participación de Estados Unidos en la guerra de Afganistán.

Ahora, el prestigiado diario estadounidense The Washington Post, publicó un adelanto del libro «The Afghanistan Papers: A Secret History of the War» (Los Papeles De Afganistán: una historia secreta de la guerra), de Craig Whitlock, reportero de investigación del periódico, y que se presentará en un evento en vivo el 31 de agosto.

Craig Whitlock

El libro, recopila paso a paso el conflicto bélico más largo que enfrentó Estados Unidosa través de documentos y más de 400 entrevistas, los engaños y mentiras con que se mantuvo, a pesar de haber tenido la terrible experiencia de Vietnam.

El ataque al vicepresidente de los Estados Unidos, Dick Cheney

A última hora de la mañana del 27 de febrero de 2007, el atacante avanzaba con su Toyota Corolla por las destruidas calles de Bagram, hacia una de las bases militares más importantes de las fuerzas de ocupación.

Pasó por enfrente del primer puesto de control de la policía afgana, y continuó medio kilómetro por la carretera a la puerta principal.

Se acercó al segundo puesto de control, este era custodiado por estadounidenses. Ahí, en medio del lodo y un mundo de peatones, activó el chaleco con explosivos.

Ataque con coche bomba cerca de la mayor base estadounidense en Afganistán  | El Mundo | DW | 11.12.2019

Ahí, murieron 20 trabajadores afganos que llegaban a la base en busca de trabajo; el soldado del Ejército estadounidense Daniel Zizumbo, un joven de Chicago con 27 años; Geraldine Márquez, una contratista americana de Lockeed Martin que acababa de celebrar sus 31 años y el sargento Yoon Jang-ho, el primer soldado surcoreano en morir en un conflicto extranjero desde la Guerra de Vietnam.

Pero hubo un invitado importantísimo que salió ileso de la explosión de Bagram, y que había estado tratando de mantenerse de bajo perfil: el vicepresidente de los Estados Unidos Dick Cheney.

Dick Cheney

Cheney había llegado a la zona sin previo aviso el día anterior. Había volado en el Force Air Two con la intención de llegar a Kabul a ver al presidente afgano Hamid Karzai. Sin embargo, el mal tiempo le impidió llegar a Kabul, por lo que se desvió a la base militar de Bagram, una instalación militar con 9,000 elementos, a unos 50 kilómetros de la capital.

Pocas horas después del atentado, los talibanes citaron a una conferencia de prensa donde reivindicaron la autoría de la explosión y que el objetivo era el vicepresidente Cheney. Oficiales estadounidenses se burlaron y acusaron a los milicianos de decir mentiras.

El vicepresidente, dijeron, se encontraba a poco más de un kilómetro y medio de distancia al otro extremo de la base y nunca estuvo en peligro. Insistieron en que los talibanes no pudieron planear un ataque a Cheney con tampoco tiempo dado que el cambio de planes fue de último minuto.

Hamid Karzai (i) y Dick Cheney (d)

«Las afirmaciones de los talibanes de que iban tras el vicepresidente son absurdas», dijo a los periodistas el coronel del Ejército Tom Collins, portavoz de las fuerzas estadounidenses y de la OTAN.

Pero quienes mintieron fueron los oficiales militares de Estados Unidos.

En una entrevista para la Historia Oral del Ejército, el entonces capitán Shawn Dalrymple, un comandante de compañía de la 82ª. División Aerotransportada encargada de la base militar de Bagram, confirmó que se había filtrado la noticia de la llegada de Cheney.

El terrorista suicida, agregó, vio un convoy de vehículos saliendo de la puerta principal y pensó erróneamente que Cheney era un pasajero, y se inmoló.

Ataque con coche bomba cerca de la mayor base estadounidense en Afganistán  - La Oferta

De acuerdo con Darlymple, quien había trabajado con el Servicio Secreto para establecer la seguridad en torno al vicepresidente, el atacante no estaba lejos de su objetivo. Se suponía que Cheney partiría en otro convoy 30 minutos después.

Al vicepresidente no lo pudieron transportar en helicóptero a Kabul. Debían trasportarlo en un vehículo y eso lo sabían los talibanes.

«Los insurgentes lo sabían. Estaba en todas las noticias sin importar cuánto se intentara de mantener en secreto», dijo Dalrymple.

«Atraparon un convoy que salía por la puerta con un vehículo utilitario deportivo blindado y pensaron que era él… Eso abrió muchos ojos en el hecho de que Bagram no era un lugar seguro. Había un vínculo directo con las insurgencias».

Este evento de 2007 marcó un parteaguas en dos frentes de la guerra: el enemigo y la información.

Al atacar al vicepresidente en Bagram, una de las fortificaciones clave en el funcionar de las tropas de ocupación, los talibanes demostraron que podían atacar con bajas masivas en lugares fuera de sus dominios.

Y al mentir sobre lo cerca que estuvieron los talibanes de dañar a Cheney, el ejército estadounidense se hundió más profundamente en un patrón de mentiras al público sobre muchas facetas de la guerra, desde eventos discretos hasta el panorama en general.

Lo que comenzó como revelaciones selectivas e interesadas después de la invasión de 2001, se endureció gradualmente en distorsiones intencionales y, eventualmente, en invenciones rotundas.