Cultura Editorial

Mi encuentro con Pedro Páramo

Escrito por Armando Guerra

En 1966, en un viaje a la Ciudad de México, fui con mi primo Rafael Flores —médico de los rodajes que se hacían en los Estudios Churubusco y América—, y tuve la suerte de ver la filmación de algunas escenas de varias películas que llegaron a ser muy famosas.

Vimos el trabajo de algunas de las tomas de la escena de una pelea del Santo contra un tiburón, el cual era de hule y el Santo tenía que hacer todos los movimientos para que pareciera que el animal se movía, y estaban casi en una alberca de hule para niños. Nunca se me olvidará esa mortal lucha y, además, que pude conocer y saludar al Santo en un descanso de aquella peligrosísima escena.

Luego fuimos al fondo de los Estudios Churubusco en donde estaba un pueblo africano, y ahí se filmaban escenas de la serie para la televisión americana «Tarzan», y tuve la fortuna de ver a Johnny Weismuller filmando unas tomas con Chita, la changuita que en esa escena resultó ser changuito, pues para cada día de filmación los domadores de animales llevaban chimpancés diferentes.

De ahí, mi primo me llevó al comedor-restaurante de los Churubusco y nos encontramos a Ícaro Cisneros, que era director de cine y que trabajaba en el Sindicato de Técnicos y Manuales en donde tenía la cartera de organización, y nos presentó. Cisneros fue el creador del Primer Concurso de Cine Experimental de Técnicos y Manuales, en el que destacó, con el segundo lugar, «En este pueblo no hay ladrones», basada en un cuento de García Márquez, dirigida por Alberto Isaacs en 1965. Esta película tuvo mucho éxito pues, entre otras cosas, aparece como cura el cineasta Luis Buñuel, y, jugando billar, Carlos Monsiváis, y mucha gente conocida «debutando» como actores cinematográficos.

Gracias a esa comida con él en los estudios, mi primo e Ícaro filmaron, tiempo después, la película «Los amigos», con argumento de Rafael Flores y dirección de Ícaro Cisneros.

Después de comer, entramos mi primo y yo a uno de los foros donde se filmaba, con gran secreto, la película basada en la novela «Pedro Páramo», de Juan Rulfo. El director era Carlos Velo. Llegamos en una escena en la que intervenía el actor principal, el norteamericano John Gavin —a quien yo recordaba en «Psicosis», de Alfred Hitchcock—, y fue una gran sorpresa para mí que fuera tan amable cuando me lo presentaron (y, años después, tan terrible como embajador de Estados Unidos en México).

En la escena intervenían también Pilar Pellicer, Ignacio López Tarso y Augusto Benedico. La toma era sencilla, pero al galán Gavin no le salía nada bien y don Carlos Velo ya estaba al borde de perder la paciencia. Permanecimos horas con la misma toma, que en la película dura cinco segundos.

Al regresar a Saltillo me clavé con la novela «Pedro Páramo» y, cuando se estrenó, en 1967, detesté la película, como lo hicieron público y críticos. Pero me quedé con grandes recuerdos de esos días en los Estudios Churubusco.

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Armando Guerra

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