Cultura Editorial

Nancy Cárdenas: El incómodo tesoro

Al centro de la rotonda de los espíritus libres que han habitado este país, destaca Nancy Cárdenas. Si no fuera de carne y hueso, diríamos que fue de fuego. Si sor Juana Inés rompió las murallas de su tiempo al demostrar que una mujer podía ser la figura poética más grande del siglo; si Rosario Castellanos, harta del machismo y la injusticia, pese a las burlas y críticas levantó la voz en su obra de ideología feminista; Nancy Cárdenas se convirtió en el acto final de tales juegos pirotécnicos. Una noche de 1973, Jacobo Zabludovzky presentó la noticia de un joven que había sido despedido de su trabajo por ser homosexual. Nancy se encontraba ahí y simplemente estalló. No le importó la conocida censura de los medios de comunicación. Tampoco le importó que para esos años, el tema “gay” era impronunciable. A Nancy le importó lo que los otros se negaban a ver: la injusticia imbécil a la que fue sometido el joven. Una realidad que muchos vivían en silencio. Entonces Nancy, públicamente, en el programa nacional, se declaró lesbiana.

Luego del escándalo, son célebres las palabras con las que Cárdenas respondió a la prensa: “Nadie se me acercó para agredirme, todo lo que recibí fueron felicitaciones pero nadie me dio trabajo. Mi familia dijo: qué bien una participación nacional de esa envergadura, pero lástima que fuera para el tema de los jotos”. El estigma, a pesar de que ya es 2019, continúa. Al menos en las bibliotecas de esta universidad (la Autónoma de Coahuila), hasta donde pude investigar, no existen libros de Nancy o estudios sobre la obra de Nancy o la historia de Nancy. Coahuilense, nacida en Parras el 29 de mayo de 1934, (Parras Atenea, le decía su amigo Monsiváis), está perdida en su tierra. No hay en las librerías de la capital coahuilense alguna cosa sobre ella. Sus obras de teatro se siguen representando, pero su visibilidad es difícil. ¿Por qué?

 Sobre Sor Juana, Octavio Paz denuncia que se gastan millones en plazas públicas que se llaman “Sor Juanas”, en homenajes insípidos, en esculturas horrendas de la décima musa. Con todo ese dinero ya se hubiera financiado una investigación para recuperar sus obras perdidas. ¿Podemos decir lo mismo de Nancy? Tanto recurso que viene y va en festivales, en artistas famosos que son traídos por el gobierno para entretener a la gente el día del Grito de Independencia, y no han podido hacer una edición crítica de los trabajos completos de Nancy Cárdenas. ¿Es que el gobierno sigue teniendo esa doble moral, ese pudor conservador, derechoso? ¿No le han perdonado a Nancy que se uniera al partido comunista? ¿No le han perdonado que no cumpliera su destino de joven de provinciana, y no hiciera escándalo y se quedara en su casa a hornear pastelillos para los cumpleaños familiares? ¿No te han perdonado, Nancy, que te hicieras activista y defendieras hasta con la vida el derecho de expresión, de libertad sexual?

   No sé si ya lo superaron, Nancy, pero nosotros te damos las gracias y te recordamos por hacer lo increíble y pensar lo impensable. Gracias por irte a la Ciudad de México a estudiar teatro. Gracias por montar obras de temas importantes como la violencia y la homosexualidad. Gracias por no asustarte con la censura, los insultos, las amenazas que con tanto odio se lanzaron a una mujer que lo único que hacía era arte.

 En 1976, la escritora publicó un ensayo que hoy en día conmueve por su lucidez y belleza: “De la conciencia feminista como incómodo tesoro”. En él, detalla: La conciencia feminista nunca llega como un regalo. Es más bien una iluminación paulatina que se va apoderando de una persona sin que ésta pueda hacer nada por impedirlo a menos que esté furiosamente entrenada para el sometimiento”. Agrega que no es algo cómodo, pero enriquecedor y es ese despertar lo que da luz a la obra, finalmente. A diferencia de sus dos predecesoras, Nancy Cárdenas llevó su filosofía feminista más que en ensayos y en academia, a las tablas del teatro. Fue a través de las representaciones escénicas, muchas veces censuradas o no promocionadas por las instituciones, la manera en que la autora reveló su verdad.

En una antología de obra feminista, compilada por Francesca Gargallo, se recuerda a Nancy como la persona que impulsó la primera organización homosexual de México, llamada Frente de Liberación Homosexual (FLH) en 1974 y promovió el Manifiesto en Defensa de los Homosexuales. “En 1978 en la marcha del 2 de octubre (en conmemoración de la masacre estudiantil de 1968), encabezó la Primera Marcha del Orgullo Gay a la Plaza de las Tres Culturas. Nancy Cárdenas rompió esquemas, al mismo tiempo que luchaba en favor del reconocimiento y derecho a la diversidad sexual, destacó aspectos que eran símbolos como usar pantalones, no maquillarse, atarse el pelo en una cola o cortarlo demasiado. Como poeta y como dramaturga fue autora de Ella estuvo en el tapanco, El cántaro seco, La vida privada del profesor Kabela y Claudine en la escalera”, determina su ficha.

Además de su doctorado en Letras, por la UNAM, Cárdenas se fue a la Universidad de Yale para estudiar teatro, al igual que lo hizo el poeta contemporáneo Xavier Villaurrutia.

Cuando murió Nancy Cárdenas se hizo un homenaje en su tierra natal, donde participaron figuras como Carlos Monsiváis. También se editó un cuadernillo con sus obras y se le puso su nombre a un Centro Cultural en su honor. Pero de eso ya pasaron 25 años. Que el silencio, la mojigatería, la doble moral, no calle a Nancy. Dejemos que fluya y nos contagie, como dice su poema: 

DEJEMOS
que el amor declare su santo nombre
en cada uno de nuestros tejidos, estratos emocionales
y apetencias más escondidas
antes de comprometernos por las dos leyes:
la tuya y la mía.

 

 

 

 

 

 

 

Acerca del autor

Eugenia Flores Soria

Escritora egresada de la UA de C

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