Editorial

NUEVA REFORMA A LA EDUCACIÓN EN MÉXICO.

PRINCIPIOS EDUCATIVOS. Antes de plantear la tesis central de mi trabajo, debo dejar asentados algunos principios torales. La educación es un proceso formativo, un derecho social y un bien público primordial para el crecimiento del país, la democracia, la justicia y la seguridad ciudadana. Consecuentemente, la educación implica la justicia social y ésta sólo se puede constatar mediante el desarrollo humano como proceso de expansión de las capacidades de las personas para ejercer su libertad y tomar las decisiones personales que le convengan. Obedece al derecho inalienable de los niños, jóvenes y adultos a aprender. De esta manera, contar con mejores condiciones para mejorar su calidad de vida individual y social.

El desarrollo humano supone garantizar el derecho de las personas a: ejercer su derecho a determinar lo que pueden hacer o ser en la vida, vivir una vida larga y saludable, accesar a la educación, adquirir saberes y alcanzar una vida digna.

Ante la Ley General Profesional Docente tal como plantea, es necesario hacer patente el hecho de que la evaluación enfrenta un dilema crucial. Este dilema constituye un conflicto  existencial en la medida en que su esencia ha sido transformada: dejó de ser formativa para convertirse en punitiva. Y de este carácter deriva un problema ético y moral, ya que obliga, persigue, amonesta, despide. Es cierto, es consecuente en los plazos y las oportunidades, pero no pierde su esencia para castigar. Se propone fortalecer la gobernabilidad y con ello, impacta a los maestros, ahora convertidos en docentes. 

La diferencia entre docente y maestro es abismal, pues la docencia es el simple papel de impartir clases e instruir. Ser maestro implica plena conciencia de su papel formador y la cabal comprensión de que la relación pedagógica conlleva dos dimensiones: capacitar y formar. Por la primera, debe poseer las aptitudes para facilitar el proceso de adquisición de conocimientos, impulsar la socialización, el desarrollo de habilidades prácticas y capacidades para comprender y actuar en el mundo. Por su parte formativa, implica la construcción de identidad personal, el modelaje de la cosmovisión  y recrear los universos de significados y de vinculación social que le permitan al alumno ser un ciudadano cabal. En la nueva Ley, no existe el término maestro, sólo docente. Es decir, simples contratados para instruir, no para educar y formar. 

Consecuentemente el impacto mayor de la evaluación se daen la esencia de la educación y su carácter formativo. La Reforma, diseñada sin consideraciones filosóficas asentadas y explícitas en el Artículo 3º, retomó el Modelo Educativo añejo, diseñado en la primera mitad del siglo XIX por Horace Mann, “Padre de la Educación norteamericana” que fue el que permeó el siglo XIX, y ha perdurado hasta la fecha, pues el Modelo exigía que el Estado determinara la ideología subyacente en planes y programas de estudio, se ocupara de la selección y contratación de maestros e impusiera las políticas de evaluación y supervisión. Justo Sierra (1848-1912), Ministro de Instrucción Pública durante el porfiriato, copió el modelo y así se asentó en nuestro país. Si agregamos las ideas prohijadas por la Ilustración europeay de claro impacto en nuestro país, tendremos claro el panorama. 

Resultan evidentes en la LGPD tres rasgos que aparentemente estaban por superarse y que vuelven con más fuerza: el centralismo y unilateralidad, complementados con incentivos negativos que inciden notoriamente en la reconstrucción de una relación de subordinación de los estados con el gobierno federal, ya que la Ley del Servicio Profesional Docente, eleva a nivel constitucional el estatuto laboral que regía la contratación de los maestros.

El proceso de  profesionalización del magisterio si bien se presenta como un incentivo positivo, se confundió con la evaluación. Esto trajo como consecuencia implicaciones complejas en cuanto a las facultades de la SEP, de los estados y del organismo autónomo, el INEE, creado para evaluar, pero con facultades para establecer políticas educativas, lo que mutiló a los órganos educativos, otrora facultados para ello.  

Toda evaluación tiene el compromiso de considerar que el resultado no lo es todo, y que no puede ser reducida a una simple técnica, que el proceso es el que importa y, lo vital, no tiene sentido por sí misma, ya que es parte resultante de los fundamentos filosóficos planteados, las  teorías pedagógicas que le dan dirección, las políticas educativas derivadas,  la teoría metodológica que aplica y concreta en el aula para cumplir cabalmente con su misión de regulación del sistema educativo. En suma, su compromiso es contribuir a avanzar en la democratización de la educación.

En agosto de 1917, se presentó el Nuevo Modelo Educativo que tendría vigencia a partir de 2018, sin embargo, en este Modelo no existe una línea filosófica clara derivada del Artículo 3º Constitucional, sólo establece pautas pedagógicas como resultado de un proceso del cual no se precisa su metodología. Resulta claro, sus líneas ideológicas están definidas principalmente por la OCDE y otros organismos internacionales.

Al paralelo a la presentación del Nuevo Modelo Educativo, cito: La Junta de Gobierno del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) anunció el 25 de agosto de 2016 el replanteamiento del modelo de evaluación del desempeño docente. A partir de entonces han surgido numerosas dudas acerca de su implementación, tanto entre quienes presentaron la evaluación en el 2015 como entre los que aún no la han presentado”

Con base en esas “dudas”, el INEE determinó que a diferencia de la evaluación 2015, para 2017, se replantearían tres etapas: 1. Informe de responsabilidades profesionales, 2. Proyecto de enseñanza, y 3. Examen de conocimientos pedagógicos y curriculares o disciplinarios. Sin embargo, precisan: “El replanteamiento del modelo de evaluación del desempeño docente no ha implicado modificaciones a la Ley General del Servicio Profesional Docente (LGSPD), lo que significa que conserva las mismas consecuencias que el modelo 2015: de acuerdo con el artículo 22 de la LGSPD, se darán por terminados los efectos del nombramiento cuando el personal: Incumpla con la obligación de la evaluación. No atienda los apoyos y programas para fortalecer capacidades, conocimientos y competencias docentes que determinen las autoridades educativas y los organismos descentralizados. Al término de dos años frente a grupo, presente un nivel de desempeño insuficiente en la función docente (aplicable sólo a quienes ingresaron por concurso posterior a la entrada en vigor de la LGSPD).” Como vemos, es evidente que no se ha logrado recuperar la rectoría de la educación, sólo el control y centralización de las plazas, por medios punitivos.

¿Pero cómo llegamos a estas concepciones de la educación y de la evaluación? Considero que  el mal de nuestra cultura es concebir el cientismo como la suprema ley de la vida, y con él, la tecnología y su consecuente, el mercantilismo. A continuación esbozaré las concepciones que nos han llevado a olvidar al ser humano y su papel dinámico dentro de la sociedad y el Estado, en razón del poderoso influjo de la ciencia; a continuación revisaré los tres únicos planteamientos de reforma educativa plenamente filosóficos: el vitalismo de José Vasconcelos, el socialismo de Narciso Bassols y el humanismo universalista, democrático liberal, fundamentado en el existencialismo, de Jaime Torres Bodet, y concluiré con una propuesta de trabajo. 

EL MARCO DE LA CIENCIA.  El conocimiento, la ciencia, la razón, mandan en el mundo desde el momento en que Descartes señaló al ser humano como pensante. Es la razón la forma más viable de darnos cuenta de nuestra existenciaCreador del pensamiento moderno, rechaza la Escolástica, por dogmática y estéril. La nueva filosofía ha de estar basada en un nuevo método que justifique lo que podemos conocer. El nuevo método debe fundamentarse en la razón, única para todos. Su objetivo es claro:
Construir una filosofía fuerte y segura, como las matemáticas, basada en la razón. 

En 1789, durante la Revolución francesa, Condorcet  usó  la expresión <<Ciencia social”, posteriormente la desarrolló en su libro “Esbozo de cuadro histórico de los progresos del espíritu humano>>, de él la tomó Augusto Comte y la transmitió al siglo XX. Las ciencias de lo humano, la psicología y la sociología buscaron ser consideradas científicas. Su objetivo consistía en eliminar la relación con la ideología de cualquier tipo, por ello, lo humano y lo social especifican su objeto de estudio; más allá no transitarían y serían específicas y objetivas, ajenas a la religión o interferencia política.

Resultaba comprensible, los casos de Copérnico, Giordano Bruno y Galileo amenazados y condenados por la jerarquía católica eran más que suficientes para desalentar cualquier avance de la ciencia. Descartes no se atrevió a publicar su obra “El mundo”, porque coincidía con la teoría heliocéntrica. Benito Spinoza propuso el análisis de la Biblia mediante los métodos de las ciencias naturales (la observación y el razonamiento) en la búsqueda de la verdad opuesta a la “verdad revelada”. 

En el siglo XVII, Francis Bacon construyó el método científico. Afirmaba que la verdad sólo se alcanza mediante la experiencia y el razonamiento inductivo. Diseñó un método inductivo (1620). Concebía la ciencia como actividad social amarrada a la técnica. Su método tenía como objetivo analizar la experiencia a partir de los casos particulares e inducir, por analogía, la generalización.

El método consistía en formular leyes, establecer teorías y culminar con la comprobación experimental. El problema fundamental de sus ideas consiste en un experimentalismo radical que no admite la imaginación. Consideraba que había obstáculos para el conocimiento que llamó Ídolos de la Mente. Los ídolos de la mente son barreras psicológicas para la adquisición de conocimientos: así, existen Ídolos de la tribu, de la caverna, del mercado y del teatro. Estos obstáculos para el conocimiento, muy propios de la época, fueron traducidos en Obstáculos epistemológicos, durante la primera mitad del siglo XX por Gastón Bachelard, en su obra “El compromiso racionalista”.

En todo caso, la ciencia avanzaba y el escrutinio científico lamentablemente tenía por objeto la verdad; nadie pensó en el bien. El bien era un tema no muy práctico y productivo, no así la ciencia que servía para muchos fines y si a ella agregamos la tecnología, supera en mucho las ciencias humanas. En el siglo XVIII se mantenía la inquietud de incorporar lo humano, dentro del ámbito de las ciencias. Proponía Helvetius: “Hacer una moral como una física experimental”. Gobineau, establece contundente: “Se trata de hacer entrar a la historia en la familia de las ciencias naturales”. Hipólito Taine  precisa: “Que los hechos sean físicos o morales, no importa, siempre tienen causas; las hay tanto para la ambición, para la valentía, para la veracidad, como para la digestión, para el movimiento muscular, para el calor animal. El vicio y la virtud son unos productos como el vitriolo y el azúcar”. 

Marc Bloch  con amargura consideraba que: “La lección del desarrollo intelectual de la humanidad es, sin embargo, clara: las ciencias se mostraron siempre tanto más fecundas –y, en lo sucesivo, tanto más serviciales en la práctica, finalmente- cuanto abandonaban más deliberadamente el viejo antropocentrismo del bien y el mal”

Los enciclopedistas coincidían en la idea de que el comportamiento humano sólo será adecuadamente caracterizado en cuanto pueda analizarse como las ciencias de la naturaleza. Diderot consideraba que: “Lo que constituye al hombre lo que es (…) debe fundar la moral que le conviene”. Condorcet, complementa esta idea: “ Conocerla verdad para conformar en ella el orden de la sociedad, tal es la única fuente de felicidad para el pueblo”. Según Todorov, “Antes, la observación obedecía a las doctrinas; ahora, las doctrinas se someten a la observación”. En resumen, coinciden en que “la razón debe gobernar el mundo, y la mejor encarnación de la razón es la ciencia”.

Ernesto Renan hacia finales del siglo XIX, imagina el futuro dominado por los sabios, es decir, por la razón, así quienes ejercerán el poder son los <<tiranos positivistas>>, quienes protegen a los sabios pues ellos defienden y orientan a los reinos. Renan señala que estos sabios crearán una institución que impondrá el miedo para someter: “El ser poseedor de la ciencia pondría un terror ilimitado al servicio de la verdad”. El terror estaría asegurado por “máquinas obedientes, liberadas de las repugnancias morales y dispuestas a cualquier tipo de ferocidades”.

Paulatinamente el embeleso de la ciencia inundaba todas las actividades humanas. El siglo XIX, un siglo de transición con los avances de la ciencia y la tecnología en el ámbito de la Revolución industrial evadió la parte humana de las personas. Los totalitarismos, dictaduras, despotismos  ytiranías hicieron más profunda la división entre pobres y ricos. A mediados de ese siglo, Charles Darwin publica El origen de las especies, mediante el cual establece el principio de la supervivencia del más apto, principio que otorga, sin proponérselo la justificación necesaria para los racistas. La aparición en la escena de principios del siglo XX de la obra de Sigmund Freud, La interpretación de los sueños, nos lleva  a descubrir con horror, que el infierno no está en el subsuelo, sino dentro de nosotros; desató los demonios personales. Seis años más tarde, la Teoría de la relatividad especial de Albert Einstein, propuesta en su obra“Acerca de la electrodinámica de los cuerpos en movimiento”, colapsó todo lo que se había pensado sobre el universo y su estabilidad expuesta por Isaac Newton.  Precisó que el universo no es una máquina movida por una mano mágica y todopoderosa que le otorga estabilidad; al contrario, nadie la controla y está en constante movimiento; el espacio y el tiempo no son lineales como pensaba Newton. No tardó Einstein en señalar que la relatividad fue confundida con el relativismo moral; si el universo es relativo, mi conducta como ser humano también lo puede ser. Ese concepto hizo que expresara: “Soy el rey Midas del escándalo”

Paul Johnson señala con acritud: Lo anterior, más la búsqueda confiada y optimista de realidades fundamentales ocultas y el lugar que ocupaban, según Sigmund Freud, los inframundos, definió la tendencia de nuestro pensamiento, pues el motor que dirigió  esta mentalidad era de carácter científico, incluso cuando los resultados se daban en el terreno de las artes. La columna vertebral del siglo ya estaba en su lugar. En todo este tránsito de la filosofía, la ciencia, el arte y la tecnología, el Ser pasó a segundo término.

LA EDUCACIÓN EN MÉXICO. 

Entre 1921 y 1924, en la naciente Secretaría de Educación, el vitalismo de José Vasconcelos como filosofía, constituía una excelente alternativa frente a la influencia de los progmatismos cientistas que se fueron asentando en todas las política y proyectos construidos en el futuro. Su oposición al positivismo constituía un tema central en sus disquisiciones. Intentaba rescatar a la persona, al ser humano. No logró concretar su proyecto humanista. Su filosofía se sustentaba en el vitalismo de Henry Bergson, e inaudito, en el existencialismo amargo de Arthur Shopenhauer, además de ciertas tendencias hacia el socialismo de la Unión Soviética. 

Durante los siguientes años el esfuerzo educativo se orientó al medio rural. El analfabetismo no disminuía y los presupuestos eran cada día más exiguos. Narciso Bassols García (1897-1959), secretario de Educación durante los gobiernos del maximato, impulsó las misiones culturales como mecanismos de redención y apostolado de los maestros. Bassols se propuso transformar la escuela con base en el socialismo, mediante la Reforma de 1934, lo que implicaba que la escuela debía promover la integración familia, una vida sana y productiva, el uso de tecnología en el trabajo cotidiano y la dignificación de la persona en todos los órdenes. Su radicalismo lo llevó a prohibir que personal con evidente filiación religiosa impartiera clases o dirigiera una escuela particular. En esa época fue difícil hacer llegar a los maestros y padres de familia los conceptos derivados de las categorías marxistas, tales como totalidad, historicidad, contradicción y praxis. El jacobinismo era profundo: los diputados del grupo de Garrido Canabal, presentaban una credencial que señalaba Fulano de tal, diputado por el x distrito, con la leyenda: “Enemigo personal de Dios”.

En 1943 la nación vivía la política de Unidad Nacional impulsada por el presidente Ávila Camacho; Octavio VéjarVázquez fungía como secretario de Educación, quien ante la gran cantidad de maestros sin título se impuso la ingrata tarea de despedirlos. Claro, era condescendiente, pues sólo serían objeto de despido quienes no demostraran una cantidad determinada de años de servicio o no pertenecieran al sindicato que regenteaba. Aún no existía el SNTE. Ese año, en virtud de su política persecutoria contra aquéllos que fueron improvisados como maestros en las rancherías y ejidos alejados de los centros urbanos, además de su intromisión en asuntos laborales como juez y parte,  le costó el puesto;  en su lugar,  asumiría la secretaría de Educación Jaime Torres Bodet, quien tomó posesión al finalizar diciembre de ese año. Bodet enfrentó el problema de los maestros sin título, pero a diferencia de su antecesor, al término de tres meses creó el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio, una institución que permitía a los maestros estudiar sin perder su empleo. Fue una respuesta humana a un problema humano. 

Torres Bodet se echó a cuestas el compromiso de reformar el Artículo 3º Constitucional, y a la consecución de ese objetivo se encaminó. Para 1946, reforma el Artículo 3º socialista hacia un concepto universal del ser humano. Amplio de miras y sistemático en la aplicación de las políticas, jamás dejó fuera el hecho de que la educación está dirigida desde el aula por seres humanos que ameritan respeto y dignidad hacia la importancia de su trabajo. Torres Bodet pudo amalgamar las caraceterísticas  de su proyecto educativo. Una educación integral para la paz, la democracia y la justicia social. Establece principios fundantes como la universalidad de la educación, la formación integral, científica, democrática, nacionalista, obligatoria y gratuita; además, una educación que mejore la convivencia humana, basada en la libertad, la justica y la paz, para no repetir el conflicto entre seres humanos.  Esencialmente, propone: aprecio a la dignidad de la persona, interés por la sociedad, fraternidad, igualdad de derechos, desarrollo armónico del individuo y de la sociedad, formación de la identidad nacional.  Dichos valores se agrupan en tres esferas que concentran la actividad y el desarrollo del educando: la persona, la familia y la sociedad. 

A partir de la Reforma de Torres Bodet, el Artículo Tercero ha sido sólo modificado en un sentido administrativo y se ha diludo el sentido de la búsqueda del ser humano. Así, en 1980, se constitucionalizó la autonomía universitaria; en 1992, se fortaleció la educación privada; en 1993, fue establecida la concurrencia educativa en el sistema federa; en 1993, 2002 y 2012, se incrementaron los grados de educación obligatoria; en 2011, se ampliaron los valores y objetivos educativos. 

A partir de la Reforma vigente lo que cambió fue la introducción de la garantía de la calidad educativa de carácter obligatorio, lo que impone nuevas cargas legales a la autoridad educativa. Ampliar las facultades de la autoridad para introducir mecanismos de evaluación para el ingreso y la permanencia de los docentes. Incluye concursos de oposición y la posibilidad de anular las designaciones o ascensos que se lleguen a hacer en contradicción a estas reglas. La introducción del Sistema Nacional de Evaluación y la creación del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación quien diseñará políticas, expedirá lineamientos y difundirá información para tal fin. Finalmente, la modificación al Artículo 73, fracción XXV. Con esta modificación se da competencia al Congreso de la Unión a efecto de establecer el Servicio Profesional Docente con el que se pretende generar un servicio ordenado al logro de la calidad necesaria para la mejora sustancial de los estudiantes.

ELEMENTOS PARA UNA PROPUESTA: Las ciencias de lo humano tienen el inconveniente de que no pueden tratar a las personas como simples objetos vacíos de contenido. Si se  trata de conocerlos y evaluarlos no se puede ignorar ni su contexto físico y cultural, mucho menos evadir el hecho de que están dotados de voluntad, sustentada en la inalienable libertad que no puede olvidarse  a la hora de analizarlos. Toman decisiones a pesar de los determinismos a los que están atados. Son creativos, emocionales y creen firmemente en la presencia de los valores y el  espíritu, como conciencia personal o como suprapersonal, sea religioso o de otra naturaleza. Tienen sueños, objetivos y deseos; en su formación calan hondo los valores adquiridos, poseen una forma particular de aprender y entender la realidad de la que son parte. 

Todo lo que se refiere al ser humano tiene una relación estrecha con el bien, tanto individual como colectivo. Proponer que las ciencias incidan en la transformación de las personas sin conocerlas a cabalidad, nos obliga a pensarlas como meros instrumentos de manipulación. No es posible separar el universo de los valores con los procesos del conocimiento humano.  El ser humano está volcado hacia la realidad a través de la intencionalidad de la conciencia y en el proceso de vinculación con los objetos de conocimiento, aún los más simples exigen la presencia de los valores. 

La evaluación en su significado más extendido es una operación que tiene lugar dentro de la actividad educativa cuyo objetivo es el mejoramiento permanente y continuo de quien es evaluado. Mediante la evaluación se obtiene información precisa de los resultados de las personas objeto de la evaluación y se comparan con los objetivos planteados al inicio del proceso. Aceptamos que hay formas diversas para evaluar, sin embargo, la forma que se adopte debe tener un objetivo preciso y un fundamento teórico que lo fundamente y contextualice. Recordemos que existen dos paradigmas para regir la educación: el positivista y el alternativo. En el primero domina una perspectiva cuantitativa; en el alternativo, una visión cualitativa, universal y afectiva. En todos los casos, la evaluación sirve para emitir juicios debidamente sustentados. 

Es necesario rescatar la presencia del maestro; un rescate urgente, pues actualmente ha sido desdibujado hasta desaparecerlo. En el fondo de las preocupaciones manifiestas debemos señalar la urgencia de reordenar el sistema educativo que le otorgue coherencia y nueva vitalidad ante la cultura inédita de la globalización y sus retos. Es necesario construir la certeza que da la precisión del destino que obedece a un principio, y ese principio, sin lugar a dudas,  son los seres humanos inmersos en el proceso educativo, los alumnos y  los maestros. 

Reconozcamos que la función del docente es multidimensional, pues incluye: conocimientos y competencias para la enseñanza en el aula, competencias para trabajar colegiadamente, liderazgo y relaciones con padres de familia, actitud y motivación para innovar y actualizar su formación.

Para que la evaluación del desempeño sea exitosa debe cumplir con al menos dos tareas: El acompañamiento o asesoría constante a los docentes, directores y supervisores y, formar parte de una planeación de mediano y largo plazo, en la que, expresamente, se establezcan objetivos de mejora para los maestros en cada escuela. De lo contrario la evaluación sólo tendría objetivos punitivos.

Es indispensable que en el proceso de educar, pongamos el acento de la política en  las personas y no solo en los insumos; fortalezcamos el carácter integral del desarrollo de los educandos en vez de la mera transmisión de contenidos; rescatemos el valor de la diversidad frente a las tendencias a la homogeneización, y concibamos a la educación como una tarea de la sociedad y no solo de las escuelas.

Determinemos que la educación debe darse en el mundo globalizado; fomentemos el desarrollo de nuevas competencias para la vida y preparemos a las personas para el ejercicio de la ciudadanía y la construcción de una cultura de paz; revaloremos la función del maestro en su papel clave en la calidad del aprendizaje y el diseño de políticas y en sus múltiples dimensiones: condiciones laborales, salud, formación, evaluación.


Tener una visión integral de la educación nos obliga a considerar los ejes en los que apoyemos los procesos de enseñanza y aprendizaje: Reconozcamos como atributos esenciales de las personas la inteligencia y la voluntad; promovamos el grado de desarrollo, las cualidades e ideales considerados como modelos de perfección humana; e impulsemos los procesos lógicos del conocimiento. Recordemos que el aprendizaje debe ser social y emocional; la razón tiene que ver con la emoción; el maestro se enfrenta a la diversidad cultural y emocional de los alumnos, su trabajo es complejo y debe ser reconocido y valorado. Reformulemos el diseño curricular y su tendencia, ya anacrónica, de ubicar las ciencias antes que las artes. Demos una nueva jerarquización a las asignaturas.

Hugo Von Hofmanstal. escribió en 1905: “el carácter de nuestra época está regido por la multiplicidad y la indeterminación. Sólo puede apoyarse sobre lo resbaladizo. Añadía: lo que otras generaciones consideraban estable es precisamente lo resbaladizo.  Todo se ha roto en mil pedazos y estos pedazos han vuelto a romperse en más pedazos, de manera que ya no queda nada susceptible de abarcarse mediante conceptos.

Esperemos no estar construyendo sólo para el  presente y nos olvidemos de la historia y el futuro. 

Acerca del autor

Andrés Mendoza Salas

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