Editorial

Pensar el pensamiento.

Andrés Mendoza Salas.

ORIGEN DEL SISTEMA EDUCATIVO EN OCCIDENTE.

El presente artículo consta de tres partes. La primera, trata el origen de la escolarización en Europa a partir de la Edad Media con su búsqueda de la salvación del alma hasta la transformación que se propició con la llegada de la Ilustración y la Revolución industrial. La segunda, me enfoco al origen y desarrollo de la educación en la Nueva España durante la época colonial. En la tercera, analizo dos instituciones que presentaron muchos matices contradictorios y que rigieron el sistema educativo mexicano durante la Colonia, los gremios de maestros y la Escuela Lancasteriana.

EL SISTEMA EDUCATIVO EN EUROPA.

Durante siglos la Iglesia ejerció el control de la educación en Europa.  Una vez que el sistema escolar de la época grecolatina desapareció entre los siglos V y VII, la Iglesia cristiana adquirió un poder ilimitado y poco a poco, unido a sus rituales, creó un sistema escolar que de los templos salió a la calle.

Con el auge del cristianismo, se produjo el encuentro entre el saber y la virtud, con lo que la educación adquirió la categoría de «forma de vida», ya que mediante ella se podría llegar a Dios.  La unidad entre la cultura grecolatina y las creencias religiosas, se dio formalmente en los institutos creados por Orígenes (185-254 d.C.) y San Clemente (150-217 d.C.).  Las artes liberales fueron ubicadas por San Agustín (354-430 d.C.) como el acceso al estudio de las doctrinas de la Iglesia.

Las escuelas episcopales, presbiterales y monásticas o monacales fueron tal vez las primeras instituciones formales, creadas a iniciativa de los Concilios de Toledo en 527 y de Vaison en 529, para formar sacerdotes o monjes, instituyeron programas de estudio con base en el tivium que incluía gramática, retorica y, dialéctica y el quadrivium, integrado por aritmética, geometría, astronomía y música.  De hecho, estas materias fueron las que inevitablemente se impartieron durante todo el Medievo. La rigidez de las  normas escolares, característica de sobra conocida, provenía del fatalismo del Antiguo Testamento. Esta situación perduró, pues San Agustín las reafirmó como prioritarias  para alcanzar la verdadera plenitud cristiana. El cambio se presentó a medida que los sacerdotes descubrieron en los Evangelios la importancia de educar y cuidar a los niños y jóvenes, pero sostenían su enseñanza bajo el principio de que los alumnos debían recibir con absoluta confianza lo que sus maestros les enseñaran.

Carlomagno (748-814 d. C.) entre los años 786 a 800, dispuso que los sacerdotes debían enseñar, al paralelo del latín, las bellas letras, y lo que de acuerdo a la capacidad de los discípulos pudieran aprender.  Es en este periodo que surgen las escuelas para los hijos de los nobles, llamadas palatinas, y al paralelo, las parroquiales y catedralicias. Los concilios de Letrán III y Letrán IV, en 1179 y 1215, respectivamente, concluyeron que era necesario que la Iglesia diera a sus fieles alimento material y espiritual, lo que significaba abrir escuelas y formar a los sacerdotes para que estuvieran en posibilidad de educar a niños y jóvenes.  Para el efecto, contrataron maestros a los que asignaron una retribución económica. A la apertura de estas escuelas se sumaron las instituciones gremiales surgidas de las industrias, gracias al despegue comercial que vivieron algunos países europeos. Estas escuelas impartían además de las materias propias para el comercio, lectura, escritura y cálculo.

Las escuelas episcopales, lo mismo monacales y catedralicias, adquirieron  cierta independencia, y dieron origen a las universidades, entre los siglos XII y XIII.  El plan de estudios que aplicaron recibía el nombre de studium y estaba integrado por el trivium, y el quadrivium.

Con la Escolástica volvió el método aristotélico, y se reafirmó la consideración de que la filosofía era el centro irradiador de todas las ciencias, capaz de explicarlas y someterlas a juicio.  Se dio vigencia a los viejos principios de que el saber científico constituía un escalón para llegar al saber teológico sobrenatural por el que se accede a Dios. Lo anterior, no era más que el sustento que dio Santo Tomás a la escolástica con clara influencia de Aristóteles.  Los procedimientos de enseñanza en boga consistían en la lectio o disputatio, en evocación de la mayéutica socrática. Los niveles por los que tenía que pasar un alumno, iniciaban desde los ocho años de edad, en secundarla, donde se enseñaban las primeras letras, para después pasar a la Facultad en Artes; el nivel superior lo preparaba en Medicina, Derecho o Teología.  Los grados académicos fueron transformándose en licencia, bachillerato y doctorado.

Con el Renacimiento, las escuelas se desprendieron en gran medida de la tutela clerical, y se fortalecieron con un nuevo enfoque filosófico, sustentado en la certeza de que el hombre posee cualidades y potencialidades que deben despertarse con la educación.  Sus ideales se enfocaron hacia la educación integral y el saber universal, que engloba los intereses humanos. Desde los siglos XIV y XV, los maestros pugnaron porque la escuela no fuera únicamente para formar sacerdotes. Al poco tiempo surgieron así las «escuelas alemanas para la enseñanza de la lectura y escritura», origen de las escuelas primarias.  Sin embargo, en ellas se aplicaba el trívium; el quadrivium, por el tipo de materias que integraba, siguió la ruta de la investigación.

En 1563 la enseñanza primaria elemental se puso bajo la responsabilidad de los obispos, por disposición del Concilio de Trento.  Cuatro años después, fue de control exclusivo de las Cofradías de la Doctrina Cristiana, de las que hubo varias en España. En 1607 el papa Paulo V impuso la reorganización de las cofradías, creando varias de ellas y ampliando sus funciones, vía un sistema por el que todas dependían de una archicofradía.

Fue en el siglo XVI cuando Martín Lutero (1483-1546), además de crear el primer catecismo religioso con fines educativos, propuso que el Estado controlara la educación.  Con ello, se podría garantizar una adecuada formación intelectual y moral. La propuesta buscaba preservar los principios de la nueva vertiente religiosa. Al menos en las regiones donde ejercía influencia, impuso la obligación para los padres de educar a sus hijos.

Los jesuitas se encargarían de revitalizar los ideales católicos, mediante un serio trabajo educativo que integró filosofía, teología y cultura clásica.  Esta labor trajo consigo la eclosión de instituciones de educación secundaria y superior. Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús, en primera instancia instituyó escuelas catequísticas, exclusivas para formar a sus sacerdotes.  En 1608 la Compañía de Jesús abrió los primeros colegios para los hijos de nobles; poco después, escuelas elementales y colegios de educación secundaria y superior.

La observación y la experimentación de los hechos de la naturaleza como condiciones para construir el «verdadero» conocimiento, calaron hondo en la cultura de su tiempo.  Francis Bacon (1561-1626) y John Locke (1632-1704) en el siglo XVII, iniciaron una influencia de largo alcance en todos los campos del saber, al darle al razonamiento un lugar privilegiado en los procesos empiristas de acceder al conocimiento.  En el terreno pedagógico, Juan Amós Comenio (1592-16709) destacó la experiencia sensorial como recurso para la enseñanza e impulsó el uso de ilustraciones en el proceso enseñanza-aprendizaje. El acercamiento a la naturaleza fue un hecho con las afirmaciones de Juan Jacobo Rousseau (1712-1778).  El enfoque hacia las necesidades psicológicas del niño aportó una enorme riqueza a la pedagogía. De él Juan Enrique Pestalozzi (1746-1827) y Federico Fröebel (1782-1852), aportaron la enseñanza activa del niño para lograr una educación integral.

En términos generales y en forma sucinta este fue el camino que siguió la educación en Europa. La cerrazón de España en todos los órdenes, prodigó a sus colonias, peculiaridades que veremos a continuación.

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Andrés Mendoza Salas

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