Editorial

Política social para un desarrollo municipal sustentable por Pedro Almaraz Aguilar

Académico universitario, Región Laguna.

El país, las entidades federativas ylos municipios, están saliendo apenas de una espiral de violencia relativamentereciente provocada por múltiples factores, entre los que destacan, lasprofundas desigualdades sociales y económicas, las  exclusiones culturales, el desempleogalopante, el ambiente de  ilegalidad y de  impunidad, etc., mismos que hanfacilitado el surgimiento de grupos delincuenciales, identificados conactividades ilícitas, como el narcotráfico y que continúan, aunque de maneradesarticulada, fragmentaria y dispersa dada la acción del Estado en materia deseguridad, luchando por la “ocupación” y “defensa” de territorios y  mercados. En tal contexto y ante los procesosde re-construcción social en los que muchos de los municipios en la entidad estántrabajando actualmente en esta nueva etapa, es que nos planteamos lassiguientes reflexiones en materia de una política social genuina que garanticeprecisamente, un desarrollo municipal sustentable:

Si la pérdida del monopolio de la violencia de parte del Estado, es ya de por sí grave, lo es más aún la ausenciade las instituciones en los territorios ocupados por las bandas de la delincuencia organizada. De donde se deriva la urgente necesidad de continuar con la recuperación de los espacios “perdidos”, no sólo a través de lacoordinación militar de los tres niveles de gobierno, sino también y sobretodo, mediante la presencia social del Estado. Con ello se lograría la seguridad pública y el acceso a los derechos sociales de la población peroparticularmente la gobernabilidad del territorio.

Para que ello en verdad ocurra, se hace necesario el diseño de políticas públicas institucionales realmenteintegradas e integradoras  en función detomar en serio el compromiso de la superación de la pobreza a partir de unareflexión profunda que re-oriente el actual nivel de relevancia de las metascon programas sólidos y bien sustentados que no sean solamente “fachadas” decoradas para la ocasión, las cuales podrán lucir muy bien durante algúntiempo pero que en la primera sacudida se resquebrajan y sucumben.

En tal sentido, las políticassociales tienen que ser pensadas a partir de que el mundo hoy es muy distinto. Por desgracia tenemos una tradición en los gobiernos locales de política social, de combate a la pobreza, muy asistencialista y muy clientelar; tenemosuna tradición de políticas sociales que apoyan a los sectores populares peroque no luchan de manera efectiva contra las exclusiones estructurales, no traen como concepción básica el desarrollo del capital humano que hay en los sectores marginales.

Si pudiéramos ver a los pobres connuevos ojos, estaríamos aportando un cambio fundamental en los enfoques de laspolíticas sociales porque entonces serían políticas que intentarían desarrollarel capital humano que existe en estas comunidades, aparte de darles escuelas,hospitales, un poco de recursos. Sería a partir del desarrollo de las comunidades, de las personas, del liderazgo que surja natural en estascomunidades que se desarrollarían políticasde apoyo y sustentabilidad. Esta idea de que los pobres pueden contribuir,que tienen un capital social que tiene que ser desarrollado y que por estecamino llegaremos a una sustentabilidad, es muy importante.

Con el propósito de lograr un aterrizaje de las premisas planteadas anteriormente,  se vuelve impostergable detectar en la circunstancia local: ¿A qué necesidades habrán de responder los gobiernos municipales que iniciarán  su gestión en la actual coyuntura histórica de Coahuila?… ¿Qué tipo de transformación necesitan los municipios de la entidad para superar los retos existentes y despegar hacia un desarrollo humano y social sostenible?… ¿Con qué clave hermenéutica debemos entender el momento histórico-social y político de nuestros municipios?… ¿Cómo alcanzar una prosperidad realmente incluyente y con cuáles instrumentos?… y, sobre todo, ¿cómo reconstituir el tejido social dañado por las condiciones de violencia, anteriormente descritas, de manera tal que mueva a la coordinación interinstitucional y a la concertación política en este nuevo periodo sexenal por el que atraviesa el país?

La respuesta a estas y otras interrogantes sería importante hacerlo desde un análisis crítico y serio, evitando caer en un inmediatismo estéril o en un espontaneísmo vacío pero además que no eluda la auto-crítica y el abordaje del problema de la credibilidad política y particularmente la necesidad ineludible del consenso. Debemos trabajar, por tanto, en el corto plazo, encendiendo el fuego de la participación social, para resolver las cuestiones urgentes a través de acciones inmediatas, pero principalmente debemos enfocar nuestros esfuerzos hacia el largo plazo; hacia lo que es vital y estratégico para los municipios y por lo mismo, profundo y lento, lejos de la superficialidad de las políticas meramente escénicas y mediáticas; hacia lo que tiene que ver con la organización de la Ciudad, de la Pólis, de la comunidad, y con el establecimiento de relaciones menos asimétricas entre los ciudadanos.

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