Cultura Editorial

Tomás Moro y el mapa de Utopía

 

Los antiguos griegos pensaban (a diferencia de los oligarcas de la actualidad) que la filosofía era la más útil de las artes porque nos ayuda a resolver la vida. Por esa misma razón, hace muchos años, me hice lectora. Tenía preguntas y quería, como Hemingway, que alguien me dijera cómo vivir. Comencé con los cuentos, seguí con la novela, llegué a la poesía y ahora navego en el ensayo. Hace unos días, nuestro amigo el contador Ricardo Morales me regaló un acervo de libros de filosofía que van desde Erasmo de Róterdam hasta Engels, pasando por Nietzsche, Descartes y otros tantos pensadores. Son ediciones muy lindas de los años cuarenta y me conmueve la historia que hay detrás de esas páginas, todo lo que tuvo que pasar para que llegaran hasta mí ocho décadas después. Comencé con el ejemplar que tenía el título más bello: Utopía de Tomás Moro. Puedo decir que, hasta ahora, ha sido una de las lecturas más emocionantes que he hecho en este tiempo. Explicaré por qué.

Tomás Moro fue un humanista inglés que desde muy joven mostró una sobresaliente habilidad para las letras y la política. Como dice la pequeña ficha publicada en el libro que tengo en mis manos, miembro del parlamento en 1504, “fue procesado por su posición a los impuestos decretados por Enrique VII” y más tarde será el rey Enrique VIII quien “le confía misiones diplomáticas de responsabilidad, hasta llegar al cargo de gran canciller”. Aunque también se opuso al divorcio del monarca y a la separación que éste proponía de la Iglesia Católica, lo que le costó a Moro ser condenado a muerte por decapitación. Este pensador escribió algunas obras durante su vida, pero es recordado por la famosa Utopía.

El libro está dividido en dos partes. La primera es un relato de ficción en el que el varón Rafael Hytlodeo, navegante y explorador de tierras, discute sobre la corrupción de la sociedad inglesa y la compara con la forma de gobierno vigente en Utopía, una isla visitada durante sus viajes. Tomás Moro aprovecha para externar sus inconformidades y nos hace advertencias importantes. Critica a los gobernantes que se enriquecían a través del empobrecimiento del pueblo y exhibe la asociación de los mercaderes oligarcas con el poder. “Cuando uno vive únicamente en el lujo y los placeres, cuando a su alrededor todo son lamentos y gemidos, está cuidando una cárcel y no un reino”, escribe. También entiende que la violencia en las ciudades es producto de la desigualdad social y que si alguien mendiga o roba se debe a que no tiene otra opción de supervivencia. Mientras que para los gobernantes privilegiados, los reclamos del pueblo son groserías e infamias (porque los malos gobernantes suelen creerse muy buenos), Moro ve un dolor legítimo de los que trabajan de más (que son muchos) para enriquecer a sus amos: “Doquiera exista la propiedad privada, donde mídese todo por el dinero, no se podrá conseguir que en el Estado imperen la justicia y la prosperidad”, señala.  

En la segunda parte del libro se hace una descripción detallada de Utopía, sus costumbres y organización social. Los habitantes viven en comunidad y utilizan un uniforme hecho de materiales que duran muchos años. El gobernante es elegido por sus cualidades y también puede ser revocado de su cargo en caso de incumplimiento. Se le da una única cantidad de riqueza que se guarda por si es necesario usarla ante una crisis o una invasión. Este príncipe viste igual que los demás y sólo es distinguido por portar un ramillete de flores. La usura y la venta son mal vistas por los abusos que suelen tener estos oficios hacia los demás. En cambio se venden únicamente los recursos que “sobran” y siempre hacen donaciones a las personas pobres de los otros países a donde llevan estos productos. A los niños los visten de oro y de piedras preciosas para demostrar que las joyas son algo pueril y cuando crecen ya no quieren usarlas porque son símbolo de inmadurez. Los esclavos (que suelen ser personas que cometieron delitos) son atados con cadenas de oro, para recordarles a cuáles cosas nos atan estos “metales preciosos”.

Inspirado en la República de Platón y en obras de colegas contemporáneos, Moro escribe sobre la posibilidad de vivir de otra manera. Con esto no significa que la justicia exista nada más en la imaginación y no en la realidad, sino que la justicia es creación humana (como la polis, las leyes y todo lo demás) y para hacer que exista primero hay que imaginarla. Al principio de este texto decía que Utopía ha sido una lectura importante. Una utopía no es aquello que no existe o aquello imposible de hacer, una utopía es el planteamiento y el diseño de otros mundos posibles. El esclavo que se liberó cumplió con su utopía y ahora tiene otras más que resolver (su lugar en el mundo, la reivindicación de sus derechos). No es fácil porque la otra parte con la que se lucha también da batalla, opone resistencia. El amo no va a permitir tan fácilmente que se libere el esclavo, el patriarcado no va a dejar que sus privilegios sean erradicados (por mencionar un par de ejemplos). Y a ellos les gusta decir que las cosas son así porque sí, que no pueden cambiarse. La historia nos ha demostrado que cambian todo el tiempo. Por desgracia Tomás Moro tuvo ese fin trágico porque el rey (como hacen algunos poderosos) utilizó la justicia para hacer injusticia. Unos siglos más tarde, el filósofo fue canonizado por la Iglesia Católica por ser mártir. Pero nos dejó un tesoro: el mapa hacia Utopía. Este esbozo de ruta para que tracemos la nuestra hacia una vida distinta.

Acerca del autor

Eugenia Flores Soria

Escritora egresada de la UA de C

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