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Viernes Santo: “La Pasión de Cristo”

En las primeras horas del viernes santo, Jesús fue llevado ante el sumo sacerdote Caifás y con él se encontraban reunidos los escribas y los ancianos.

Mateo 26, 59 nos dice que “los sumos sacerdotes y el sanedrín entero andaban buscando un falso testimonio contra Jesús con ánimo de darle muerte”. Posteriormente Jesús fue llevado e interrogado por Herodes y por Pilato (Lc23,6-12 y Mt 27, 11-13) respectivamente en donde ninguno de los dos encontraron culpa alguna en Jesús.

Nos dice el evangelio (Mt 27,15-22) que era una tradición en aquel tiempo de dejar libre a un preso en tiempos de Pascua y Pilato propuso al pueblo que eligieran a quien liberar entre Jesús y Barrabás, un delincuente muy agresivo de aquel tiempo, y la gente, motivada e influenciada por los sumos sacerdotes, eligieron a Barrabás para que fuese liberado, y pidieron a gritos crucificar a Jesús (Mt 27,16-22).

Pilato, al ver esta decisión de condenación a muerte a Jesús por parte del pueblo, tomó agua y se lavó las manos diciendo: “Inocente soy de la sangre de este justo” (Mt 27,24); después de azotarlo, a la manera romana, lo entregó para que fuera crucificado. Es en este momento cuando el Señor Jesús comienza su Viacrucis hacia el monte calvario. Llegados a este lugar llamado Golgota, una vez que Jesús fue crucificado cruelmente, se repartieron sus ropas echando suertes (Mt 27,33-35), mientras Jesús decía: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”(Lc 23,34).

Sobre su cabeza, clavaron en el madero o cruz un escrito que decía “INRI” que significa: “Jesús de Nazareth Rey de los Judíos” (Jn 19,19). Al mismo tiempo que a ÉL, crucifican a dos salteadores, uno a la derecha y otro a la izquierda (Mt 27, 38), mientras uno lo maldecía y le exigía que los liberara, el otro reconoce sus culpas y proclama el Señorío de Jesús; a lo que Jesús contesta: “Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”(Lc 23,43).

Nos dice Juan 19, 26-27 Jesús viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, les dice: “Mujer, ahí tienes a tu hijo, ahí tienes a tu madre”. Desde el medio día hubo oscuridad, y a media tarde clamó Jesús: ¡Eli, Eli ! ¿Lemá Sabactani? que significa: “¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado? (Mt 27, 46).

Después de esto Jesús dijo: “Tengo sed” (Jn 19,28) y le acercaron una esponja empapada de vinagre; cuando tomo Jesús el vinagre dijo: “Todo está cumplido” (Jn 19,30)…y Jesús dando un fuerte grito dijo: “Padre, en tus manos pongo mi espíritu” (Lc 23,46).

Hermanos, Como podemos observar, la muerte de Jesús es un verdadero sacrificio, entrega su vida para el perdón de nuestros pecados cumpliendo así las profecías y la voluntad del Padre.

Acerca del autor

Rafael García Ramírez

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