Editorial

¡Viva Venezuela!

En 1999 las cosas no estaban bien en Venezuela. La gente estaba cansada por la corrupción de sus gobernantes, estaba harta de los políticos de siempre, no quería saber nada de personajes como Rafael Caldera o Carlos Andrés Pérez. Los venezolanos querían un cambio. Y optaron por un suicidio colectivo.

Hugo Chávez arrasó en las urnas, logró más del 56 % de los votos. Superó, entre otros, a una ex miss universo en un proceso electoral muy extraño, donde la improvisación se hizo presente.

El chavismo en un inicio enamoró a la población, prometió reducir la enorme brecha de desigualdad, acabar con la corrupción. En su discurso se establecía como su prioridad el apoyo a los más pobres y la critica mordaz y llena de adjetivos a los dueños del capital, a los oligarcas.

La industria petrolera venezolana era en 2002 una de las más productivas y mejor manejadas a nivel mundial. Todo cambió gracias a Hugo Chavez. Ya en el poder, el chavismo utilizó el petróleo de Venezuela para tejer un liderazgo en Latinoamérica y con ese liderazgo enfrentar a los Estados Unidos. 

Al interior de Venezuela llenó de subsidios a los pobres, nacionalizó diversas empresas. Volvió todo improductivo. No disminuyeron los indices de corrupción, antes por el contrario se incrementaron en una camarilla que servía y sirve de burbuja para hacerle creer al mandatario en turno que el país va bien.

Hugo Chavez llegó al poder con el voto mayoritario de los venezolanos. Prometió democracia y respeto a las instituciones. Luego el movimiento se transformó. Cuando se ganaba había democracia y en la derrota, el resultado no se reconocía.

La prensa sufrió represión. Los partidos opositores sufrieron represión. Los gobernantes de municipios o estados contrarios al chavismo sufrieron represión. Las cárceles están llenas de los enemigos de Chávez y de Maduro; se encuentran llenas de gente inocente.

Ya con Maduro en el poder, sin el carisma del comandante, la alternativa para mantenerse en Miraflores pasó por dar autogoles de estado. Acabar con el poder legislativo, soportando las decisiones en un poder judicial corrompido.

A unos días de que se cumplan 20 años del ascenso al poder del General Hugo Rafael Chávez Frías, el saldo resulta catastrófico.

Antes era un país de unos cuantos ricos, una fuerte clase media y una gran cantidad de pobres.  

Hoy hay un pequeño grupo de ricos ligados al régimen, una insignificante clase media y un enorme sector de venezolanos en la pobreza.

Miles de venezolanos escapan todos los días de su patria para buscar oportunidades en otras latitudes. Son gente que quiere trabajar, gente buena, con principios, valores, capacidades. Son gente que extraña su tierra. Son víctimas de una dictadura.

Venezuela merece un mejor futuro. Los venezolanos precisan de la solidaridad de México.

¡Viva Venezuela!

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Andres Suarez

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