Internacional

Vox se venga de Ciudadanos pero favorece a la izquierda

Escrito por Armando Lopez

Madrid, España. – (Agencias) Como dice el dicho popular mexicano: “cuando la perra es brava, hasta a los de casa muerde”, y en este caso, trasladado a la política española, es lo que les paso a la triada derechista, el Partido Popular (PP), Ciudadanos (Cs) y Vox. El sentido de venganza llevó a los derechistas y extrema derecha a romper su unidad, provocando con esto que Unidas Podemos tuviera un asiento más en la Mesa Directiva del Congreso.

Abascal (Vox) y Casado (PP) (de izq. a der.)

De cualquier manera, la izquierda iba a tener la mayoría en la Mesa, sin embargo, la correlación con la triada derechista iba a ser 5-4 a favor de Pedro Sánchez, pero debido a la respuesta de Vox cambió esta correlación a 6-3. Esta situación da al proyectado gobierno, dos tercios de la Mesa Directiva. El PP pactó con su socio en Comunidades y Ayuntamientos, Cs, su voto a favor de que Inés Arrimadas obtuviera un lugar en el órgano rector del Congreso, a pesar de tener solo 10 escaños.

Inés Arrimadas (de pie)

Pero para que eso sucediera hacía falta el voto de Vox, y en menos de un minuto, respondió “¡No!”. De esa manera, Abascal cobró venganza a Rivera. El expresidente de Cs, cuando empezaba el auge de Vox, ninguneaba a la extrema derecha y se negaba a nombrarla en sus presentaciones. Llevaba años sin contestarle el teléfono a su “examigo”. Este martes se concreto la venganza cuando Cs, tras su caída, se vio en la necesidad de pedirle el apoyo a Vox, incapaz de ofrecer algo a cambio, no lo consiguió.

Albert Rivera

El PSOE buscaba la posibilidad de sumar fuerzas con otros partidos para levantar un cerco a Vox. La formación de Abascal, tercera fuerza en España y con 52 escaños, le correspondía, por lo tanto, en términos de tradición y aritméticos, un lugar cuando menos. Pero las negociaciones ponían en riesgo su presencia.

Pablo Casado (centro)

El derechista Pablo Casado, que perdió votos el pasado noviembre, rápidamente desdeñó la propuesta de los socialistas. De inmediato zanjó cualquier posibilidad, “no contribuiré a ello”. Por el otro lado, Cs, sumido en su derrota electoral, anunció que pelearía un lugar. Cuando se comentaba que no tenían suficientes parlamentarios, Arrimadas argumentó que los nacionalistas “han llegado a estar en la Mesa con menos escaños”. La única posibilidad era obtener la caridad del PP y Vox.

Como se suponía, Casado aceptó. El PP le dio a su socio de coalición una alternativa: recibir algunos votos prestados y buscar la parte restante en Vox. Y ahí empezó el problema. Cs no tenía nada que ofrecer a cambio, por primera vez desde el 10-N. José María Espejo, el encargado de la negociación, mantuvo una reunión con Vox a última hora el martes. Su tarea era convencer al odiado adversario de Rivera. Llevaba en la mano solo un “por favor”, y los de Abascal se regodearon respondiendo un ¡No!

José María Espejo

Al final, la posición de la extrema derecha terminó estrellándose. Se encontró en una disyuntiva, por un lado, si aceptaba la propuesta del PP y Cs, perdía un asiento en favor de Arrimadas; por el otro, si lo rechazaba, le daba el asiento a Unidas Podemos. Solo disponía de una oportunidad para logra los dos lugares en la Mesa sin beneficiar a la izquierda: lograr que el PP rompiera el acuerdo con Cs y le diera sus votos. Una propuesta que Casado no acepto. Prefirió serle fiel a su debilitado socio con quien gobierna Andalucía, Murcia y Madrid.

Pablo Iglesias

Y asi se terminaron las negociaciones, que se mantuvieron a la expectativa hasta el mismo momento de la votación. Para la sorpresa de Unidas Podemos, lograba dos lugares. Asi, Sánchez e Iglesias había derrotado, 6-3, al PP, Vox, Cs, y a Arrimadas. Y entonces comenzaron los reclamos. Abascal atacó a su ex partido por haber “abierto las puertas al comunismo” en lugar de beneficiarlos. Y, el PP reclamó a la extrema derecha haber priorizado a Podemos que a Ciudadanos.

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